sábado, 8 de mayo de 2021

En Ruta por los Castillos de Guadalajara (I): Del Castillo de Pioz a Galve de Sorbe

Castillo de Riba de Santiuste, Guadalajara

Castillo de Atienza, Guadalajara

Castillo de Torija, Guadalajara

Castillo de Jadraque, Guadalajara

Castillo de Siguenza, Guadalajara

Castillo de Galve de Sorbe, Guadalajara

Guadalajara es una de las provincias más desconocidas de España, a pesar de su cercanía con Madrid. 

Y es una lástima pues tiene un patrimonio monumental y riquezas paisajísticas de primer orden. 

Es posible que una de las causas de esta infravaloración tenga relación con el feo paisaje que acompaña al conductor que recorre la A-2 desde Madrid a la capital de Guadalajara (Corredor del Henares), salpicado de fábricas, naves industriales, urbanizaciones, etc. 

Pero esta provincia cambia radicalmente si nos alejamos de este tramo de la autovía. 

Guadalajara está llena de contrastes, con un terreno accidentado y boscos (especialmente el Alto Tajjo) salpicado de pueblos con mucha historia y patrimonio monumental: Sigüenza, Atienza, Jadraque, Hita, Brihuega, Cifuentes, Pastrana, Molina de Aragón, etc.

De manera resumida podemos decir que "Guadalajara es tierra de castillos". 

Algunos de sus castillos se conservan admirablemente. En otros casos encontraremos ruinas de diferente valor, pero siempre inmersas en un gran romanticismo, a lo que no es ajeno el lugar en que están construidos muchos de ellos.

En la provincia de Guadalajara podemos encontrar numerosos castillos que puedes visitar, ya que cuenta con un gran número de castillos, fortalezas, fortificaciones o torres que podemos visitar por toda la provincia de Guadalajara.

A continuación, te mostramos una ruta por los castillos de Guadalajara más visitados, la mayor parte de ellos en un buen estado de conservación, y todos testigos de importantes acontecimientos de la Historia. 

Indice:

  1. Como llegar a Pioz
  2. Croquis de nuestra ruta
  3. Castillo de Pioz
  4. Comer en la zona
  5. Castillo de Torija
  6. Castillo de Brihuega
  7. Comer en Brihuega
  8. Castillo de Jadraque
  9. Ruinas del Castillo de Pelegrina
  10. Castillo de Siguenza
  11. Comer en Siguenza
  12. Castillo de Guijosa
  13. Castillo de Atienza
  14. Comer en Atienza
  15. Castillo de Palazuelos
  16. Castillo de Riba de Santiuste
  17. comer en la zona
  18. Castillo de Galve de Sorbe
  19. Otras Rutas Cercanas

1. Como llegar a Pioz, Origen de nuestra ruta: 


2. Y este es el Croquis de nuestra ruta:


Comenzamos visitando el 

3. Castillo de Pioz

Castillo de Pioz, Guadalajara

La fortaleza de Pioz, en plena meseta de la Alcarria, es uno de esos castillos en los que apenas si la historia ha dejado huellas de interés en las crónicas que de él tratan, y tampoco aporta novedades estructurales que puedan situarle en un lugar destacable o excepcional en el conjunto de la arquitectura medieval militar. 

Sin embargo, para quienes gusten de evocar el pasado intrigante de un tiempo en el que estos edificios eran la sede de los poderosos, y la concreción de unas teorías sobre el arte de hacer la guerra en el Medievo, el castillo de Pioz posibilita la visión real de uno de estos ejemplos. Es todo un paradigma, completo y latiente.

Recorrer su contorno, mirando desde los diversos ángulos sus fosos, el recuerdo de su puente levadizo, el paseo de ronda y sus adarves, cruzar la poterna misteriosa, y ver la gran torre del homenaje o las cruceadas troneras de los garitones de la barbacana, son un cúmulo de sensaciones que difícilmente pueden encontrarse juntas en otro lugar.

Visitar esta antigua fortaleza, hoy silenciosa de abandonos pero repleta de motivos evocadores de lejanos siglos y epopeyas, es quizás el mejor estímulo para adentrarse con gusto en el mundo sugerente de la castillología hispana.

Ya hemos dicho que la historia de Pioz es muy escasa en acontecimientos. Perteneció esta pequeña aldea, desde los años finales del siglo XI en que posiblemente se fundó tras las iniciativas castellanas de repoblación, al Común de Villa y Tierra de Guadalajara, siendo de señorío real, hasta que mediado el siglo XV, el rey Juan II de Castilla entregó el lugar en dote a su hermana Catalina, cuando ésta casó con su primo, el turbulento infante de Aragón don Enrique. 

Pero este mismo Rey, pocos años después, se lo quitó alegando que su cuñado le movía guerra, y lo entregó en donación generosa a su afecto cortesano don Iñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana.

A la muerte de éste en 1458, pasó a su hijo predilecto, el que fuera gran Cardenal de España, don Pedro González de Mendoza, quien enseguida inició la construcción de un castillo, en el que muy posiblemente deseaba plasmar las ideas que sobre castillos‑palacios tenía recibidas de Italia, en orden a fraguar­ se para su residencia en caso de peligro político, un magno edificio a la par lujoso y seguro. 

En 1469, sin embargo, desistió de su idea, y puso sus miras en Jadraque y Maqueda, lugares de mayor importancia estratégica para sus objetivos, y dotados ya de sendos castillos en los que poder desarrollar más ampliamente sus ideas constructivas.

En esa fecha, el entonces obispo de Sigüenza propuso al noble castellano Alvar Gomez de Ciudad Real, secretario del rey Enrique IV, un trato, consistente en el cambio de su villa de Pioz con el iniciado castillo, los lugares de El Pozo, los Yélamos y algunos otros enclaves de la Alcarria, por la fortaleza y villa amurallada de Maqueda. 

Croquis del Castillo de Pioz, Guadalajara

El trato aceptado, Pioz pasó a las manos de la familia de los Gomez de Ciudad Real, en la que destacaron algunos elementos como políticos y poetas durante el siglo XVI. 

Ellos continuaron la construcción del castillo, completándolo tal como hoy lo vemos en los años finales del siglo XV. Después, y sin apenas haber servido para su residencia, y mucho menos para ser el protagonista de ninguna batalla, la fortaleza se vio abandonada, y aunque los dueños pusieron alcaide y encargados del mantenimiento de la casa fuerte, el progresivo deterioro que procura la falta de uso dio tras muchos siglos el resultado que hoy puede comprobarse.

Trátase de un castillo de llanura, dominante de amplios horizontes desde sus adarves, y visto a su vez desde lejanas posiciones en la plana meseta de la Alcarria baja. En leve altura sobre el pueblo, del que apenas destaca sobre sus tejados, se encuentra totalmente rodeado de un hondo foso que los siglos han ido rellenando. 

Por la parte meridional, tenía la entrada habitual y principesca: dos machones cilíndricos fuera del foso servían para que apoyara el puente de madera, levadizo, que se dejaba caer desde el correspondiente hueco abierto en la barbacana o recinto exterior de la fortaleza. 

Por la parte septentrional, una estrecha puertecilla a modo de poterna permitía la entrada, o salida, del castillo directamente sobre la profundidad del foso. La escalerilla de acceso de esta poterna al recinto de ronda, es estrecha, empinada y en zig‑zag, de modo que se encuentra perfectamente defendida desde el interior.

El muro externo de la fortaleza es enormemente grueso, construido en escarpa poco pronunciada, que ha sufrido con mayor crudeza la rapiña de los aldeanos. Culmina en muralla poco eleva­ da, con almenas y adarve al que se accedía por escalerillas desde el camino de ronda. 

Se completa con torreones esquineros cilíndricos en los que podían albergarse piezas de artillería, para cuyo uso aparecen orificios en forma de troneras con vanos circulares rematados en cruz, algunos de perfecto perfil. 

El castillo propiamente dicho, o recinto interior, es de planta cuadrada, con altos muros lisos en los que, a la altura de los pisos interiores, se abren algunos ventanales amplios. El resto del paramento solo se abre para ofrecer estrechas y alargadas saeteras que, especialmente desde las esquinas, cubren el paso de la ronda, y especialmente la entrada principal y la subida desde la poterna.

En las esquinas del castillo se alzan fuertes torreones de planta cilíndrica, rematados en leve moldura sobre la que muy posiblemente en su momento inicial se alzaban esbeltas almenas, hoy totalmente desaparecidas. 

En la esquina noroeste álzase la torre del homenaje, de irregular planta, cuadrada por un lado y circular por otro, en la que se preparaba el sistema defensivo último, de emergencia. Para entrar en esta torre, debía hacerse a través de otro puente levadizo, de los de tipo de brazo con contrapeso y eje central, complicado sistema que hacía muy segura la torre, a la que luego debía aún ascenderse a través de escale­ra de caracol interior.

El recinto interno del castillo está hoy totalmente vacío, ofreciendo los pelados muros, y las torres que ofrecen en su nivel inferior sendas puertecillas estrechas que permiten la entrada a sus cuerpos bajos, en los que sucintas saeteras cumplían la misión de vigilancia y defensa típicas.

Es muy de destacar, aunque de todos modos era algo habitual en los castillos medievales, la obligación de discurrir en zig‑zag desde la entrada a la fortaleza por el puente levadizo, hasta poder acceder a la puerta principal del recinto interior o castillo propiamente dicho. Ello obligaba a los visitantes a recorrer un buen trozo de camino de ronda, lo que permitía su reconocimiento y la defensa desde dentro.

Destacamos nuevamente, tratándose de un castillo iniciado en sus fundamentos por uno de los Mendoza más aficionado a la arquitectura, que la función de este castillo, aunque muy volcada hacia la defensa frente a un posible ataque guerrero, guarda al mismo tiempo una intención residencial, y es muy pare­cido, incluso en el nombre de la localidad en que asienta, al de la Rocca Pia, en Tívoli, que se levantó en 1459, y al que el arquitecto que diseñara el de Pioz, muy posiblemente Lorenzo Vazquez, italianizante al servicio de los Mendoza durante largos años, copió en muchos detalles y aun en su estructura general. 

No es de extrañar este hecho, máxime teniendo en cuenta que el hijo del Cardenal Mendoza, el marqués del Zenete don Rodrigo, llamó a este Lorenzo Vazquez (que luego habría de construir los palacios de Antonio de Mendoza en Guadalajara, de los duques de Medinaceli en Cogolludo y el convento franciscano de San Antonio en Mondéjar) para construir el castillo‑palacio de La Calahorra en Grana­da, en el que tras los severos muros de tono medieval y guerrero, escondió un delicadísimo patio y estancias cuajadas de decoración plateresca muy hermosa. 

Es más, no sería excesivo aventurar que para este castillo de Pioz, el Cardenal don Pedro González de Mendoza hubiera concebido un patio de estilo plateresco que, por las circunstancias del cambio de esta posesión por la de Maqueda, ya no llegó a construirse.

Castillo de Pioz, Guadalajara

En cualquier caso, lo que hoy queda a la admiración del viajero y del curioso enamorado de estos viejos conjuntos de piedras remotas, es lo suficientemente espléndido como para merecer con creces una visita detenida.

ACCESO AL CASTILLO

Acceso libre al exterior. Para visitar el interior, ponerse en contacto con el ayuntamiento de Pioz, teléfono 949 272162.

4. Comer en la zona:

Casa Palomo
Cuesta San Miguel 5, 
19001 Guadalajara España
+34 949 23 06 32

Restaurante Maná
Aldeanueva de Guadalajara, 
19152 Guadalajara España
+34 609 02 00 49

El Buen Vivir - Taberna Gastronómica
Plaza del Capitan Boixareu Rivera, 81 Parque de la Concordia, 
19001 Guadalajara España
+34 949 22 38 39

El Bodegon de Sancho
Avenida Venezuela 17,
19005 Guadalajara España
+34 949 22 27 89

y algo mas económicos:

Restaurante Italiano La Pasta
Plaza Capitán Boixareu Rivera, 53 LOCAL 2, 
19001 Guadalajara España
+34 949 21 58 68

Taberna la Garduña
Camino de Robleluengo 27 Campillo de Ranas, 
19223 Guadalajara España
+34 669 94 13 32

Pizzería Pizca
Calle Cardenal Gonzalez de Mendoza 21, 
19004 Guadalajara España
+34 949 21 71 54

Si en tu visita quieres hacer un FreeTour, o necesitas comprar alguna entrada para algún Museo o para realizar alguna actividad, en este enlace te lo pueden solucionan, click aquí.

También es digno de mención el Castillo de Uceda, muy deteriorado. 

Este castillo se asoma al río Jarama desde el acantilado donde acaba la meseta de la Alcarria. Es de origen musulmán y ha sido reconstruido en diferentes ocasiones.

Castillo de Uceda, Guadalajara

En la actualidad, está prácticamente en estado de ruina y solamente mantiene algunos vestigios. 

Se conserva su Torre del Homenaje, la puerta de acceso junto a un torreón y un patio con dos aljibes tallados en la roca.

5. Castillo de Torija

El castillo de Torija te sorprenderá por su gran belleza y su excelente estado de conservación. Destaca por sus murallas altas, sus muros no demasiado gruesos y, sobre todo, por su gran torre principal independiente del resto de instalaciones.

Castillo de Torija, Guadalajara

Construido en el siglo XIV, su última restauración se llevó a cabo en 1962. En su interior se encuentra el Centro de Interpretación Turística de la Provincia de Guadalajara y museo del libro «Viaje a la Alcarria» de Camilo José Cela. También dispone de un espacio dedicado a la figura del Cid.

El Castillo de Torija es uno de los más bellos castillos de la provincia.

Además, también es de los más conocidos ya que se encuentra al lado de la carretera que une Madrid con Barcelona y es visible majestuosamente al pasar al lado del pueblo de Torija.

Castillo de Torija, Guadalajara

El castillo de Torija tiene planta cuadrada con cubos cilíndricos en las esquinas con cornisa amatacanada. La torre del homenaje es de gran prestancia y se adorna con torrecillas en sus esquinas igualmente cilíndricos. El material constructivo es sillarejo.

El perfecto aspecto que muestra actualmente es, en parte, consecuencia de las restauraciones de la Dirección General de Bellas Artes en los años sesenta y de la Diputación de Guadalajara más recientemente, ya que quedó muy destruido en 1810 en tiempos de la Guerra de Independencia.

En la Torre del Homenaje se ha instalado un coqueto museo de varias plantas que se considera el único del mundo en estar dedicado exclusivamente a un libro: el Museo del Viaje a la Alcarria, el célebre libro de Camilo José Cela. 

Croquis del Castillo de Torija, Guadalajara

En él encontramos fotografías de aquel viaje y su protagonista, además de numeroso objetos de la época que nos ofrecen una veraz estampa de la sociedad rural española a mediados de siglo XX.

También se ha habilitado un moderno edificio en lo que fuera patio de armas, ocupado por el CITUG, Centro de Interpretación Turística de la provincia de Guadalajara. 

En las diferentes estancias se pueden ver vídeos, leer paneles sobre la arquitectura negra, el románico de Guadalajara, la artesanía local, etc. 

Uno de los atractivos más fotografíados es el maniquí de un caballero templario que resulta tan real que hay quien declina fotografiarse junto a él porque parece que va a incorporarse con su espada.

Información Visitas:

Horario: jueves y viernes de 11 a 14 h. Y de 16 a 19 h., sábados ininterrumpido de 10 a 20 h., domingos y festivos de 10 a 15 h.

Precio Entrada:

Entrada: 2€ adultos, menores de 10 años gratis. Descuentos para grupos: 20% de 10 a 20 personas; 25% de 21 a 50 personas; 30% de 50 personas en adelante.
Carnet Joven: 25% de descuento y desempleados: 50% de descuento.


ACCESO

Más información en www.dguadalajara.es

Se visita conjuntamente el castillo y el Centro de Interpretación Turística de la provincia de Guadalajara.

Horario: jueves y viernes de 11 a 14 h. Y de 16 a 19 h., sábados ininterrumpido de 10 a 20 h., domingos y festivos de 10 a 15 h.

Tarifas: 2€ adultos, menores de 10 años gratis. Descuentos para grupos: 20% de 10 a 20 personas; 25% de 21 a 50 personas; 30% de 50 personas en adelante.
Carnet Joven: 25% de descuento.
Desempleados: 50% de descuento.

6. Castillo de Brihuega

Castillo de Brihuega, Guadalajara

El castillo de Brihuega se encuentra junto a la iglesia de Santa María, nos hallamos ante una de las fortificaciones más complejas de la provincia, al tiempo que, por su larga historia, de las que más alteradas han llegado hasta nosotros, como un puzzle de difícil resolución. Se trata de un probable alcázar de origen musulmán, después usado por los arzobispos de Toledo con semejante finalidad, y con valores defensivos muy secundarios. 

Situado al borde de un barranco sobre el río Tajuña, también recibe el nombre de Castillo de la Peña Bermeja, que actúa como formidable foso natural por todo su costado sur. De orígenes antiguos no documentados, se sabe que fue residencia veraniega de los reyes taifas de Toledo entre 1032 y 1085, en especial de Almamún, quien se lo donó a su huésped y refugiado don Alfonso, después rey de Castilla y León, y conquistador de Toledo.

Este monarca donó Brihuega y su castillo a los obispos de la sede primada, quienes lo poseyeron hasta la época contemporánea. 

La villa de Brihuega, y sus defensas medievales, por su estratégica situación en el valle del Tajuña y en la zona central de la provincia de Guadalajara, ha sido escenario de muy importantes y decisivas batallas en casi todas las guerras que ha conocido la España moderna, desde la Guerra de Sucesión, hasta la última Guerra Civil. 

Croquis del Castillo de Brihuega, Guadalajara

Centrándome en el conjunto residencial, conviene saber que estaba separado del resto de la villa no sólo por un recinto exterior al que todavía se accede por las puertas noroccidentales llamadas de la Guía y del Juego de la Pelota -muy alteradas en época moderna-, sino que además contaba con un foso a modo de barranquera, hoy cegado, lo que para Jorge Jiménez es dato inequívoco de su origen musulmán al recordar la disposición de las cavas del antiguo alcázar de Madrid, Guadalajara, Peñahora o Alcalá la Vieja.

Este recinto que conforma una verdadera alcazaba o ciudadela, con su palacio interior, delimita hoy todavía dos amplios espacios al SE y al NO que, a modo de albacaras, acogen respectivamente parte del camposanto y el llamado «Pradillo de Santa María», extensión compleja donde se labraron la iglesia de Santa María de la Peña -de origen protogótico-, y el convento barroco de San Francisco, amén de otros edificios, que crean una ciudadela separada de la misma villa. Pero el mayor interés lo sigue manteniendo, a pesar de lo castigado de sus restos, el alcázar residencial en cuestión. 

Ya Layna plantea que los arzobispos, especialmente Ximénez de Rada ( 1215-1240 ), transformaron notablemente el edificio taifa. 

Castillo de Brihuega, Guadalajara

A partir del tercer obispo don Juan, siguiendo por don Martín López de Pisuerga, quienes labraron los elementos románicos y protogóticos de las salas adornadas con bellas ventanas tripartitas y zócalos de pinturas mudéjares, delimitaron los lados norte y este de un seguro patio central distribuidor, de una interesantísima portada bífora de equívoca estilística -recientemente demolida por el propio ayuntamiento de Brihuega-, ha sido la investigadora Magdalena Merlos, quien más se ha preocupado de plantear una reconstrucción del aspecto originario del palacio de Almamún, siendo interesante su estudio de las mismas dependencias palaciegas, aunque parece más discutible otra publicación suya donde se ocupa de definir los supuestos restos musulmanes de índole militar, intentando rehacer el castillo agareno de Brihuega.

Respecto al alcázar de Almamún, esta autora no duda en fechar la citada portada monumental -con dos ventanas laterales simétricas a modo de alacenas- en el siglo XI, de época taifa, por lo que serían los restos más antiguos de dicho alcázar, atreviéndose a configurar, en torno a esta puerta, una sala posterior de recepciones, dotada con cinco arcos diafragma y techumbre de madera, un gran patio delantero y dos salas a él perpendiculares, en un esquema propio de los primeros palacios hispanomusulmanes; y que, al quedar abierto al sur sobre el citado barranco, constituye un antecedente de posteriores esquemas mudéjares. 

A esta interesante «almunya» taifa, con jardines y huertos de fama proverbial -conocidos como la Casa del Paraíso-, añadirían los arzobispos el citado salón-capilla, así como el resto de las estancias adornadas con los lindos miradores románicos. 

Otras opiniones no menos respetables han valorado la citada portada como mudéjar, a partir de la tosca sobriedad de sus capiteles vegetales, y como integrada en la misma obra del gran salón y de la capilla adyacente, fechando todo el conjunto en el siglo XII, ya de época cristiana.

Respecto a las fases de construcción del castillo islámico que pudo haber en Brihuega, Merlos plantea, a partir del análisis de los muros subsistentes, una primera etapa anterior a lo taifa que podría ir del siglo IX al XI, formada por una torre fuerte hacia oriente, y un recinto hacia poniente que más tarde albergaría el palacio de Almamún. 

Sería un esquema muy elemental, del tipo hins, que considera con paralelos en el mundo berebér de la Península. Una segunda fase configuraría el posible alcázar taifa en cuestión, ya explicado; una tercera supondría la erección de la torre semicircular, en torno al siglo XII y XIII, y finalmente algunos añadidos ya del siglo XVI, como la actual capilla de la Vera Cruz.

Habiendo sido excavado el conjunto del castillo de Brihuega, sin grandes novedades, existe un plan director encaminado a trasladar el cementerio, consolidar las ruinas y ejecutar unos jardines de tipo público, que vendrán a enlazar el pasado huerto briocense con el futuro conjunto monumental, en un lugar tan lleno de historia.

Si en tu visita quieres hacer un FreeTour, o necesitas comprar alguna entrada para algún Museo o para realizar alguna actividad, en este enlace te lo pueden solucionan, click aquí.

ACCESO AL CASTILLO

De acceso libre
Más información en el teléfono 949 280 442 de viernes a domingo, y en el 949 340 030 de lunes a jueves.

7. para Comer en Brihuega

Restaurante Princesa Elima
Paseo de la Fabrica, 15,
19400 Brihuega, España
+34 949 34 00 05

Restaurante Asador El Tolmo
Avenida de la Constitucion Nº 26,
19400 Brihuega, España
+34 949 28 11 30

La Peña Bermeja
Molinillo, S/N,
19400 Brihuega, España
+34 670 44 42 27

8. Castillo de Jadraque

Castillo de Jadraque, Guadalajara

Un imponente palacio residencial del siglo XV, que te sorprenderá por su influencia italiana y por sus imponentes dimensiones. Mide casi 100 metros de longitud y cuenta con una apariencia majestuosa, en el que destaca que las torres no sobresalen del muro.

Aunque hoy pertenece al municipio de Jadraque, el primer propietario de este castillo fue Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, conde del Cid e hijo primogénito del cardenal Mendoza, quien pretendía ser descendiente del mismo Cid Campeador.

El castillo de Jadraque o "del Cid" fue una de las muchas fortificaciones califales y más tarde de la Taifa de Toledo de los siglos X y XI que fue construido por los musulmanes para defender la marca media contra los cristianos.

Es probable que el "Castejón" citado por el Cantar del Mio Cid y que según el mismo fue tomado por el héroe burgalés pueda corresponder a este lugar y confirmarse la denominación.

Ubicado en un alto y perfecto cerro que domina la población, el Castillo de Jadraque tiene estructura rectangular animada por cubos almenados de planta circular.

Información Visitas:

El castillo de Jadraque está abierto al público sábados, domingos y festivos 

Castilllo del Cid, Jadraque



Continuando con nuestra ruta, hemos de tener en cuenta el estado de ruina del 

Castillo de Cogolludo

Aunque, en este caso, al estar encaramado sobre un alto cerro, todavía manifiesta una estampa preciosa (lástima que cada día que se visita la ruina se acreciente).

Las ruinas del castillo de Cogolludo son una lección viva de historia, que te permitirá ver como las villas medievales se desarrollaban al amparo de sus castillos.

Castillo de Cogolludo, Guadalajara

Se trata de un castillo de planta pentagonal, con torres en los ángulos. 

De ellas, la más interesante es la de planta cuadrada, que mantiene media cúpula de ladrillo en su interior. 

Entre otros dueños, estuvo en manos de la orden de Calatrava en el siglo XII.b

9. Ruinas del Castillo de Pelegrina

Ruinas del Castillo de Pelegrina, Guadalajara

El castillo roquero de Pelegrina se alza sobre un pequeño cerro desde el que domina el curso del río Dulce y el caserío a cuyo alrededor se apiña. Castillo roquero construido entre los siglos XII y XIII sobre un cerro que domina el valle del río Dulce. 

Antes había una torre de vigía musulmana. Su posición domina no sólo el valle de Pelegrina, sino toda la meseta que se extiende más allá, donde en la Edad Media estaba la importante vía romana de Emérita Augusta –hoy A2-, que aún era un camino principal.

Desde su altura podría divisarse, o comunicarse, con la cercana fortaleza de La Torresaviñán. Alfonso VII donó Pelegrina, que había conquistado en 1126, al obispado seguntino en agradecimiento por la ayuda dada en la reconquista de la comarca de Sigüenza por parte de su primer obispo, Bernardo de Agén.

El rey Alfonso VII donó al obispo Bernardo de Agén en 1124 la localidad de Pelegrina, siendo los obispos seguntinos quienes comienzan a construir el castillo a finales del siglo XII, como residencia y coto de caza para los arzobispos segontinos, naciendo bajo el castillo la actual población.

La fortaleza estaba en la frontera entre reino castellano y el aragonés en el siglo XIV, época en la que mantuvieron diversas etapas de guerra durante el reinado de Pedro I el Cruel de Castilla; primero la Guerra de los dos Pedros (1356-1365) que lo enfrentó a Pedro IV el Ceremonioso, de Aragón; y posteriormente la guerra civil contra y su hermanastro el conde Enrique de Trastamara (1366-1371). 

Uno de los episodios de la Guerra de los Cien años, un conflicto complejo siendo éste uno más dentro del conjunto de alianzas europeas que acabó propiciando el cambio dinástico en Castilla.

El apoyo del rey de Aragón a la causa del conde Enrique, el futuro Enrique II de Trastamara, el rey Pedro I mandó reforzar la línea defensiva en la que se encontraba el castillo de Pelegrina ante una posible invasión desde el reino de aragonés.

El castillo sufrió un saqueo por parte de las tropas navarras, tras la toma de Torija en 1445 por el capitán navarro Juan de Puelles que estaba al servicio de los Infantes de Aragón que los enfrentaba a Juan II de Castilla, y que duró hasta que Torija fue reconquista en 1447 o 1452. Desde allí los navarros lanzaban operaciones de saqueo por los alrededores que llegaron incluso a las puertas de Madrid.

En el año 1710, en la Guerra de Sucesión, el castillo fue incendiado por las tropas austriacas del general Guido von Starhemberg, en su retirada hacia Aragón tras la derrota que sufrieron en la batalla de Villaviciosa de Tajuña. Posteriormente, fue reconstruído.

En la Guerra de la Independencia fue desmantelado por las tropas napoleónicas para que no sirviera de refugio a los guerrilleros de Juan Martín el Empecinado, quedando abandonado y derruido tal como lo conocemos en la actualidad.

Los muros son de sillarejo, de metro y medio de espesor y ocho de altura, con almenas que disponían de saetera. Tiene fuertes torreones o cubos esquineros cilíndricos y macizos, por lo que no tienen saeteras, pues su única función fue reforzar los muros.

Su planta es alargada, poligonal, de unos cuarenta y cinco metros de longitud. En la parte norte se sitúa la torre del homenaje, de planta cuadrada y dos pisos, cimentada sobre unas rocas, que defendía el portalón de acceso a la fortaleza.

La puerta de acceso principal es alta y en forma de arco de herradura, situada entre dos de las torres y con un matacán para su defensa. Al sur, entre dos torreones, estuvo una segunda puerta menor y tuvo forma de arco de medio punto. Alrededor del castillos se levantó una barbacana. Disponía de un patio con aljibe, rodeado de estancias dispuestas en dos pisos.

10. Castillo de Siguenza

Castilla de Siguenza, Guadalajara

El castillo de Sigüenza fue construido en el primer cuarto del siglo XII sobre otro anterior musulmán. Sufrió reformas en los siglos XIV, XV, XVI y XVIII, y fue parcialmente destruido en el siglo XIX, en el año 1811 y durante las guerras carlistas, y en el siglo XX, durante la guerra civil (1936 y 1939).(1)

Sigüenza fue asiento de una importante ciudad celtíbera, Segontia, que estuvo situada en los altos cerros de la margen derecha del río Henares. En tiempos romanos, hubo aquí importante estación de paso y lugar nutrido de habitantes, quienes seguramente elevaron su primer torreón o puesto de vigilancia sobre el valle en lo que es hoy castillo-fortaleza. 

Los visigodos habitaron la ciudad, y los árabes, aunque en menor número, también lo hicieron, casi reducidos a la guarnición de su reducto fuerte y atalayado en lo más elevado de la orilla.

La reconquista de Sigüenza tuvo lugar el año 1123, siendo su primer obispo, el aquitano Don Bernardo de Agen, quien al mando de un poderoso ejército conquistó la ciudad a los árabes que la ocupaban. La restauración de la sede episcopal en Sigüenza por parte de la monarquía castellana, alentó el crecimiento de esta aldea, que tomó nuevas fuerzas cuando poco después, en 1138, Alfonso VII concedió a los obispos el señorío civil sobre la ciudad y sus gentes.

Desde entonces la historia de Sigüenza y de su castillo ha corrido pareja con la de sus obispos. Multitud de ellos, de todos los caracteres y las aptitudes, pasaron por la silla episcopal. Unos fueron valientes y organizadores, mezcla de monje y de guerrero, como el fundador Don Bernardo, otros tuvieron el carisma de la santidad, como Martin de Finojosa, algunos fueron políticos eminentes, emprendedores y estrategas, como Pedro González de Mendoza, otros aún tuvieron el sentido social suficiente como para emprender obras públicas por todo el obispado, como Don Juan Díaz de la Guerra…

Ellos levantaron, desde inicios del siglo XII, este castillo, que paulatinamente fue haciéndose más grande y poderoso. En sus salones pusieron capillas, salas de justicia, tribunales y cárceles. 

Castillo de Siguenza, Parte Trasera

Una guarnición potente de militares y servidores estuvieron siempre al cuidado de este castillo, en el que largas temporadas habitaron los obispos.

Un hecho histórico añadido al lento discurrir de los diversos episcopados, fue el ocurrido en el siglo XIV, en 1355, cuando en esta fortaleza fue alojada, en calidad de prisionera, doña Blanca de Borbón, rechazada por su marido, Pedro I de Castilla, y desde entonces data la leyenda de que una de las torres del mediodía, hoy todavía nominada con el recuerdo de la joven dama francesa, albergó su cruel destino durante una temporada.

A partir de la Guerra de la Independencia se inició la progresiva ruina de esta fortaleza. Todavía en 1827, residiendo en él Don Manuel Fraile García, obispo a la sazón, se alojaron tres días Fernando VII y su Corte. 

Después sufrió destrozos con motivo de las guerras carlistas, y a mediados del siglo se produjo un gran incendio en el mismo que acabó de arruinarlo.

Situado sobre la altura del cerro que escolta por la izquierda al río Henares, el castillo de Sigüenza remata con su gallarda y solemne silueta la ciudad toda, en la que, vista de lejos, se confunden las torres de la catedral, los chapiteles de los templos románicos y los frontispicios de palacios y conventos, con la algarabía tierna de la arquitectura popular genuina de estas sierras ibéricas. El conjunto de la ciudad seguntina es, desde cualquier lugar que se la mire, inolvidable y sorprendente. 

Su estructura nos muestra su origen árabe, pues se compone de un recinto con varias torres de igual altura sin que sobresalga ninguna como torre del homenaje. 

Castillo de Siguenza, Croquis

Sin embargo, de esta etapa no queda nada y se empieza a reconstruir con la reconquista cristiana en 1123. 

El recinto tiene planta rectangular, y son sus torres, ubicadas en las esquinas y en la mitad de sus muros, lo que rompen la monotonía del edificio. 

Las torres son de planta rectangular y de la misma altura, y están rematadas por almenas de forma rectangular. Las torres más férreas se ubican en la parte oeste, la más delicada. El castillo se rodeaba de una muralla con un puente levadizo enmarcado por dos cubos con matacanes para el ataque o contraataque.

El castillo es la culminación de una estructura defensiva que consistía en amplia muralla que rodeaba toda la ciudad. De sus puertas quedan hoy el portalón del Hierro, en la Travesaña Alta, el Portal Mayor, que fue el acceso principal, durante la Edad Media. Y por el costado de levante la Puerta del Sol, que fue postigo simplemente, y la Puerta del Toril, utilizable para salir a la Cañadilla desde la plaza mayor.

El aspecto de la fortaleza, desde la lejanía, es muy homogéneo, ofreciendo un nivel de paramentos lisos y algunos torreones, unas veces de planta cuadrilátera, y otras semicirculares, siempre rematados por almenas. Su desafiante tono es el propio de una fortaleza netamente medieval, de los siglos XIII y XIV que fue cuando cobró su silueta verdadera.

En el interior, muy modificado por la habilitación a Parador, se pueden admirar diversos salones. 

Entre ellos el salón rojo o salón del trono, en el que grandes pilares cuadrados delimitan un amplio espacio rematado por gran chimenea renacentista, y muros decorados en un fuerte tono rojo, que se matiza con abundantes reposteros y armaduras. 

Castillo de Siguenza, antes de la restauración

En este lugar impartían su justicia, civil y eclesiástica, los señores y obispos de Sigüenza. 

El comedor grande o salón de doña Blanca es otra pieza hermosísima, en la que se yerguen gruesos arcos pétreos apuntados sosteniendo la estructura de la sala.(2)

La extensión es una característica destacada en esta residencia fortificada. Quedó patente que en el interior de sus muros había sitio para poder refugiar a aproximadamente mil hombres a pie y cuatrocientos soldados ecuestres. Esto se pudo comprobar cuando se prepararon las tropas que iban a luchar en la guerra de Granada.

Una nota distintiva de este edificio con respecto a todas las contracciones fortificadas restantes es su matiz religioso. Esto es causa del extenso periodo que estuvo ocupado por los obispos de la diócesis de Sigüenza y que va desde el siglo XII al XIX. Es el único a nivel nacional, que sirvió de residencia a altas jerarquías eclesiásticas, el único caso de fortificación residencial religiosa.

La piedra es el material dominante en esta impresionante construcción. El sillarejo se utiliza para sus lienzos o muros, donde la piedra apenas se trabaja, mientras que las esquinas se construyen en sillares, perfectamente elaborados y colocados, con un matiz rojizo que da al conjunto un colorido singular. La piedra se extraía de las zonas circundantes.

En el siglo XX sirvió de cuartel de la guardia civil, hasta la guerra civil española. En este episodio bélico sirvió de refugio republicano. Entre 1970 y 1976 se llevaron a cabo las obras de restauración que culminaron con la inauguración del edificio como Parador Nacional de Turismo Castillo de Sigüenza, uno de los más hermosos y grandes de España.

Actualmente es propiedad de la Red de Paradores Nacionales del Estado, y se usa como Parador Nacional de Turismo (Hostelería y Restauración).

ACCESO AL CASTILLO

Acceso libre al Parador de Turismo, permite su visita exterior, y al interior, quedando restringidas la zona de habitaciones de clientes alojados.

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11. Comer en Siguenza:

El Doncel
Paseo Alameda 3,
19250 Sigüenza, España
+34 949 39 00 01

Calle Mayor
Calle Mayor 21,
19250 Sigüenza, España
+34 949 39 17 48

Nöla
Plaza de San Vicente | (Casa del Doncel),
19250 Sigüenza, España
+34 949 39 32 46

y algo mas economicos

Atrio
Plaza Obispo Don Bernardo 6 | Frente a la catedral,
19250 Sigüenza, España
+34 949 39 02 85

Gustos de antes
Calle Alfonso VI No 1,
19250 Sigüenza, España
+34 647 01 01 32

12. Castillo de Guijosa

Castillo de Guijosa, Guadalajara

El Castillo de Guijosa fue levantado, en el lejano siglo XIV, por don Iñigo López de Orozco, uno de los terratenientes más poderosos que ha tenido la tierra de Guadalajara a lo largo de las pasadas centurias.

Si al parecer fue dueña de Guijosa doña Beatriz, reina de Portugal e hija de doña Mayor de Guillén, la amada de Alfonso X el Sabio; o lo fue el infante don Juan Manuel, escritor y guerrero, español por los cuatro costados, hoy no queda constancia documental de éllo. La pertenencia a los Orozco queda probada por el escudo en piedra tallado sobre lo que fuera portalón de entrada al castillo. 

Muy desgastado por tantos inviernos cernidos sobre el cascote de arenisca, aún se ve el campo español centrado de una cruz floreteada escoltada de cuatro lobos colmados de asombro, con la bordura repleta de las cruces de San Andrés que prueban la participación de su propietario en la conquista de Baeza. 

Castillo de Guijosa, Guadalajara

Es la enseña heráldica de los Orozco, constructores de aquella monumental “casa“.

Fueron luego los marqueses y duques de Medinaceli, terratenientes de aquellos fríos páramos que cubren entrambas Castillas, quienes se instalaron señores de Guijosa, de su castillo que siempre tuvieron por “casa fuerte” y al que nunca dieron otro cometido que albergar servidores, alcaides cómodos y algún que otro caballo restableciéndose de alguna herida. 

Lejos de sus palacios de Sevilla o de Cogolludo, los Medinaceli no supieron de aquella posesión sino por los recados de sus propios, que les pedían dineros para arreglarlo. 

Castillo de Guijosa, Croquis

Sería en alguna de esas guerras terribles y reincidentes que, con diversos nombres, han enfrentado entre sí a los españoles, la que acabaría con su silueta valiente, y le dejara en la triste figura en que hoy, desde la distancia, se ofrece a los viajeros.

De planta cuadrada, los torreones semicirculares adosados a las esquinas, las voladas cornisas y las almenas puntiagudas. Murallones herméticamente cerrados, y en el interior una torre también cuadrada, con entrada a la altura del primer piso. Tendría estancias, chimeneas y escaleras interiores, pero todo se hundió con el paso de los siglos, y ha quedado solo el cascarón exterior, que no es poco. No tuvo Guijosa recinto exterior, y en torno a la fortaleza actual hubo un pequeño foso ya relleno. (1)

La planta de este castillo es cuadrangular con torreones macizos cilíndricos en cada una de sus cuatro esquinas y sobre ellos unos cuerpos huecos sobre volados canecillos, a modo de garitones almenados, al que se accede desde el adarve por una puertecilla de arco semicircular. 

Estos forman, en cada esquina de patio un chaflán, montados sobre una piedra cruzada y sostenida en su punto medio por otra que hace de escuadra. Sus muros están almenados y en cada uno de ellos hay un matacán. Al adarve se subía por una escalerilla desde el patio interior. Rodeaba el castillo un foso, pero no contaba con puente levadizo.

Su puerta principal de entrada al castillo, hoy en día semitapada por una casa y tapiada la otra parte, consta de un arco de medio punto, sobre los que se ven dos de los tres escudos con los que contó, representativos del señor que lo mandó edificar, Íñigo López de Orozco. En la actualidad se accede al castillo por una puerta abierta en este mismo muro y sin ningún valor arquitectónico.

La torre del homenaje se levanta en la mitad del patio, altiva y hermosa, reconstruida recientemente. De planta cuadrada tenía la puerta de entrada a la altura del piso principal. En sus cuatro muros se abren ventanas y balcones en forma de matacán.

ACCESO AL CASTILLO
Sólo puede visitarse su exterior.

13. Castillo de Atienza

Kilómetros antes de llegar al castillo de Atienza ya podrás ver su impresionante silueta. Su torre está encima de una roca, por lo que también te permitirá disfrutar de las mejores vistas panorámicas de toda la meseta.

Castillo de Atienza, Guadalajara

Por la historia de este castillo han pasado personajes como Alfonso III, Alfonso VI, y el mismo Cid pero, sin duda, su episodio más importante es el que representó la salvación de Alfonso VIII de caer en manos de las tropas del rey Fernando III de León.

Este castillo se alza sobre un montículo cortado precisamente para dificultar su acceso al recinto, próxima a la línea que divide su territorio con el de su provincia vecina Soria, y cerca de la localidad de Sigüenza. Atienza, la antigua Thytia celtíbera, es nombrada por los cronistas latinos como uno de los puntos de más ardua resistencia de los celtíberos al ataque de los invasores romanos. Solamente cuando cayó Numancia y Termancia, pudieron los césares romanos decir que la vieja Atienza había sido hecha suya. Aquí pusieron los romanos su atalaya, y luego los árabes hicieron de Atienza uno de sus más fuertes enclaves de resistencia contra los vecinos cristianos en la Reconquista.

En torno a este castillo musulmán, con el que Rodrigo Díaz de Vivar no quiso entablar combate al considerarlo como una peña mui fuert, surgieron las batallas a lo largo de toda la Edad Media. Entre los años 870-874 fue reconquistada por Alfonso II el Magno, pasando otra vez a los moros poco después.

La conquista definitiva de Atienza y su castillo tiene lugar en 1085, cuando Alfonso VI tomó Toledo, rindiéndose al mismo tiempo los enclaves más significativos del reino. En 1149 Alfonso VII concedió un gran territorio comunal a Atienza. 

En el reinado de Alfonso VIII la villa progresó espectacularmente, y el castillo alcanzó su aspecto definitivo, levantándose el segundo y más amplio cinturón de murallas. Este monarca tuvo siempre gran preferencia por esta villa, ya que en su infancia fue salvado por sus habitantes de la persecución a que le sometía su tío y regente Fernando de León, siendo este acontecimiento origen de la Caballada de Atienza, una de las fiestas más antiguas que todavía hoy se siguen celebrando en España.

Durante el siglo XV diversos hechos de armas causaron importantes daños a la villa y castillo atencinos. 

Atienza, Villa Medieval

Las tropas del Rey de Navarra se hicieron dueñas de la posición, y tiempo después el castellano Juan II ayudado del Condestable Álvaro de Luna y un poderoso ejército, sitiaron y conquistaron esta importante villa, llegando a la lucha cuerpo a cuerpo y teniendo que destruir e incendiar buena parte de la población para poder expulsar de ella a los navarros.

Sus usos fueron variados, desde cárcel para nobles hasta vivienda de Felipe V. En el siglo XIX, concretamente en el año 1811, comenzó su deterioro y ruina, manteniéndose en ese estado hasta etapas actuales.

Hoy en día se celebra en Atienza una fiesta de gran interés por su relevancia histórica, es la caballada. Esta fiesta conmemora la huida del rey Alfonso VIII, que siendo aún un niño fue asediado por su tío, Fernando II de León, para ejercer su tutela. Con ayuda de los nobles sacaron al rey a caballo, de ahí la denominación de caballada.

Desde cualquier punto que se llegue a Atienza, la sorpresa de contemplar sobre las pardas ondulaciones del campo castellano un altivo promontorio rocoso rematado en castillo de guerreras evocaciones, es una experiencia difícilmente olvidable. El cuestudo cerro, que en lo alto se hace roquedal cortado a pico, sustentador de añejo castillo, y escoltado en sus laderas por la población en la que espadañas románicas y portaladas solariegas, llenan el espacio con su denso discurso de siglos, tiene las características todas de la vieja urbe castellana.

El castillo se encuentra sobre un promontorio rocoso rematado. La cúspide es estrecha y alargada, y en ella asientan los restos de lo que fue alcazaba mora y cristiana. En su centro se abren dos profundos aljibes que sirvieron en sus tiempos para recoger el agua de la lluvia.

En la esquina sur está altiva la torre del homenaje, ofreciendo una sencilla estructura de planta cuadrada, con puerta en la planta baja, salas interiores, y una escalera en el muro que asciende a las plantas superiores y finalmente a la terraza, desde la que el panorama permanece inolvidable. Como elemento defensivo destaca el garitón volado, único en todo el edificio y que se coloca en la esquina más meridional de esta parte del castillo.

Todavía en la altura encontramos los restos de la entrada al castillo, formada por dos torreones que escoltan una puerta, a la que se accede desde el camino de ronda.

Plano del Castillo de Atienza, Guadalajara

El material que se utiliza de forma dominante en todo el edificio es la piedra. 

El sistema constructivo es el sillarejo, piedra escasamente elaborada. Como unión entre los materiales se usa la cal menos e algunas partes que se utiliza la argamasa.

En la esquina sur está la torre del homenaje, ofreciendo una sencilla estructura de planta cuadrada, con puerta en la planta baja, salas interiores y una escalera en el muro que asciende a las plantas superiores,y finalmente a la terraza, desde la que se puede observar un bello panorama.

Destaca por su doble línea de muralla que se adapta a la morfología del terreno donde se encuentra. Se levanta en los siglos XII y XIII. Del primer recinto, que abarcaba el corazón de la primitiva villa, se ven múltiples fragmentos de paramentos de fuerte sillarejo, y de todas las puertas que se abrían a lo largo de sus muros, el más bello y representativo que nos ha llegado es el llamado Arco Arrebatacapas o puerta de San Juan, que franquea el paso desde la plaza del Ayuntamiento, moderna del siglo XVIII, a la plaza del Trigo, núcleo urbano el más importante de la villa medieval.

Por fuera de este cinto de murallas, se ven las más anchas, que sirvieron para encerrar a la villa que en el siglo XIV alcanzó su máximo apogeo, el número más elevado de habitantes de toda su historia (unos siete mil) y de parroquias, unas catorce, todas de estilo románico. De esta muralla externa, que encerraba barrios como el de Puertacaballos, y ciudadelas como la Judería, quedan enormes trechos en diversas zonas del ámbito urbano y alrededores, mostrando también algunas puertas acompañadas de torreones.

El castillo fue devastado por las tropas francesas durante la guerra de la Independencia, como pasó con gran parte de este tipo de construcciones. También sufrió incidentes en la Guerra Civil (1936-39). En la actualidad su estado es de ruina. Pertenece al ámbito municipal y por su mal estado está sin uso. Fue declarado Monumento Nacional en 1913.

Castillo de Atienza, Guadalajara

Información Visitas: Acceso libre

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No hay ningún coste adicional para ti y los enlaces solo son a sitios que recomendamos y utilizamos nosotros mismos.

14. para comer en Atienza

Restaurante Alfonso VIII
Carretera Berlanga, 22 | bajo,
19270 Atienza, España
+34 628 70 88 34

Restaurante El Mirador de Atienza
Calle Barruelo s/n,
19270 Atienza, España
+34 679 42 87 40

Restaurante Convento Santa Ana
Carretera Berlanga 4,
19270 Atienza, España
+34 949 39 93 37



15. Castillo de Palazuelos


Castillo de Palazuelos, Guadalajara

Palazuelos es uno de los pocos pueblos que conserva, casi íntegra, toda su muralla, haciendo que el acceso al mismo sea a través de sus puertas. Este hecho, junto con su castillo, nos transportarán a una verdadera ciudad amurallada del medievo.

Torres cilíndricas en los ángulos de su muralla, y una gran torre del homenaje adosada al muro oeste. 

El castillo es el punto más fuerte del amurallamiento, que parte de él rodeando toda la población.

Castillo de Palazuelos, Guadalajara

Fue mandado construir por Íñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, y está atribuido al arquitecto Juan Guas. 

Las armas de los Mendoza están sobre las puertas de entrada a Palazuelos. Entre sus sucesivos herederos, destaca la princesa de Éboli. Tuvo un uso corto como fábrica de harinas en el s. XX, y actualmente se encuentra en proceso de restauración.

Propieda privada, acceso libre sólo al exterior.

Junto a la entrada principal de la muralla, en una gran plaza, encontramos la picota de Palazuelos. Es una columna, antiguo símbolo de las villas independientes que podían tener un juez e impartir por sí mismas justicia. Los condenados terminaban atados, muchas veces, a la picota, que conserva los hierros en su parte superior donde el reo era expuesto a la vergïuenza pública.

ACCESO AL CASTILLO
Propieda privada, acceso libre sólo al exterior.

16. Castillo de Riba de Santiuste

Si eres amante de los castillos, no puedes irte de Guadalajara sin visitar el de Riba de Santiuste. En excelente estado de conservación gracias a su última restauración y situado en lo más alto de un cerro, es un verdadero castillo montano.

Castillo de Riba de Santiuste, Guadalajara

Se calcula que se construyó entre los siglos XII y XIII, y su forma se adapta al cerro donde se encuentra. Cuenta con dos torreones defensivos y un estrecho camino de acceso que reforzaba todavía más su seguridad. 

Un clásico entre los castillos montanos: encaramado en lo alto de un cerro innacesible, y en un excelente estado, por su relativamente reciente restauración. 

Su fortaleza es notable: el asedio debía llevarse a cabo cercando el cerro, y no la propia fortaleza, debido a la gran pendiente de las laderas. Por su características y disposición, debió ser erigido entre los siglos XII y XIII.

Castillo de Riba de Santiuste, Guadalajara

Fortaleza estrecha, adaptada al cerro en que se asienta, tiene noventa metros de largo por catorce de ancho, siguiendo la línea norte-sur. 

El acceso está defendido por dos torreones, y es interesante fijarse en el estrecho camino que llega hasta la puerta, el cual dificultaría aún más el paso de los atacantes. El primer espacio es un patio de armas de reducidas dimensiones, a través del cual se pasa entre un complejo de cuatro torres y diversas estancias, que desembocan en un nuevo patio, posiblemente destinado a las cuadras, y rematado en una torre pentagonal que defiende el extremo norte. 

En el interior del castillo encontramos dependencias diversas, chimeneas, y diversos elementos procedentes de la última restauración, como las almenas que lo coronan.

Plano del Castillo de Riba de Santiuste, Guadalajara

La primera noticia del castillo se tiene en tiempos del rey Alfonso VI, en el s. XII, cuando dona al obispo de Sigüenza D. Bernardo de Agén el castillo de Santiuste y la villa de la Rippa en sus inmediaciones. 

En el siglo XV fue tomado al asalto por las fuerzas navarras, usándolo como base de operaciones para saquear Sigüenza y su tierra. Su obispo Luján encargó al deán López de Madrid que lo recuperara, cosa que consiguió tras un asedio de cinco meses. En el s. XIX las tropas francesas lo volarían durante la Guerra de la Independencia para que no sirviese de refugio a los guerrilleros.

En su interior podrás ver diversas dependencias y elementos de su restauración.

Leyendas del castillo de Riba de Santiuste

Como todo castillo importante, Riba de Santiuste tiene sus leyendas, recogidas en la web del castillo. (gracias amigo).

En las horas próximas al amanecer, una dama con túnica blanca recorre el castillo, entre alaridos y lamentos. 

Sus sollozos entrecortados, y el sonido de sus pasos aumentan en el pasillo de las apariciones hasta llegar a la sala anexa. Es la hermosa Manuela, que llora su pena. 

Unos cuentan que Manuela era la hija del alcaide árabe del castillo, y estaba prometida con un rico musulman al que no amaba. 

En un hecho de armas, Manuela conoció a un cristiano del que se enamoró y con el que le fue infiel a su prometido. 

Descubierta, el alcaide furioso la degúella en la sala y arrastra su cuerpo por el pasillo hasta el aljibe del patio, donde lo arroja 

Otra versión dice que Manuela era una cantinera que acompañó a los navarros en sus andanzas por las tierras de Castilla y murió en el castillo durante el asedio de 1.452.

Dicen que en el patio trasero del castillo, en las noches oscuras es visible el fuego fatuo. Un fenómeno que solo se produce al contactar con el aire el fósforo de los huesos de los muertos. 

En las obras de restauración han aparecido restos humanos. Unos dicen que el patio fue utilizado como cementerio cuando estuvo ocupado por los navarros (siglo XV). Otros que fue cementerio ocasional con motivo de una epidemia

Hay varias versiones sobre el El Cerro del ahorcado, proximo al castillo, y el origen de su nombre . Unos cuentan que se debe a que “aqui se ahorcaba a a los reos en la Edad Media”. Otros dicen que “los vencedores colgaban aquí a los vencidos como escarmiento” 

Y hay quien comenta que se debe “al suicidio de un vecino que eligió forma y lugar para morir”.

Información Visitas: Acceso libre

17. y para comer en la zona:


Hotel Salinas de Imon
Salinas de Imon, 
19269 Imón España 
0034 397311

La Cabaña
Carretera Siguenza-Atienza, S/n El Hotel Rural la Cabana, 
19266 Palazuelos España
+34 949 39 16 15

18. Castillo de Galve de Sorbe

Castillo de Galve de Sorbe, Guadalajara

El castillo de Galve es una fortificación española situada sobre un cerro al noroeste de la localidad de Galve de Sorbe. Fue construido en el siglo XV para la casa de Zúñiga sobre un castillete anterior que les cedió el infante don Juan Manuel. También perteneció a la casa de Alba y al Estado hasta que en 1971 lo subastó cayendo en manos de un particular. Se trata de un castillo montano con una fuerte torre del homenaje rodeada defensivo de los distintos compartimentos palaciegos y de un amplio muro que da lugar a un patio interior.

El de Galve es un castillo montano construido con piedra sillar. Consta de un recinto exterior de muralla almenada de dos metros deespesor, formando una planta cuadrilátera irregular con cuatro torres cuadradas en las esquinas y dos circulares en los muros este y sur. 

Castillo de Galve de Sorbe, Guadalajara

En las torres se observan todavía los escudos de la casa de Zúñiga. En la torre semicircular del muro sur hay una bóveda hemisférica con los escudos de los impulsores del nuevo castillo de Galve tallados en la pared.

La torre del homenaje destaca sobre las demás y se sitúa al norte del recinto, colocada de manera tangencial al muro del recinto. Escuadrada, con diez metros por cada lado, y tiene cinco plantas repartidas en veinte metros de altura. 

Está coronada por un saledizosujetado por modillones de triple moldura. En su interior, en su piso superior aparece una enorme chimenea de piedra sillar con un granarco escarzano y varios ventanales. Rodea la chimenea una terraza. En uno de los muros de la torre del homenaje hay un escudo de lacasa de Arellano, emparentada con los Avellaneda.

El actual castillo de Galve se levantó sobre uno anterior de origen andalusí que defendía la frontera del Califato de Córdoba con el Reino de Castilla. Con la conquista castellana de la Extremadura castellana en el siglo XI Galve pasó a ser parte de la comunidad de villa y tierra de Atienza. 

En el siglo XIII el común pasó a manos del infante Don Juan Manuel que reedificó el viejo y destruido castillo de la localidad. 

Plano del Castillo de Galve de Sorbe, Guadalajara

Tras los enfrentamientos del infante con el rey Alfonso VIII de Castilla, este le perdonó a cambio de ciertas concesiones, entre ellas el derribo del castillo de Galbe, que se llevó a cabo. La población pasó a su muerte a la corona.

El 28 de octubre de 1354 Pedro I concede Galve a Íñigo López de Orozco como señorío como premio por sus servicios. 

En 1367, tras el asesinato de Íñigo López a manos del rey, su hija Mencía de Orozco vendió el señorío a partes iguales a su pariente Diego López de Estúñiga y a Diego Hurtado de Mendoza, aunque en 1405 pasó su totalidad a manos de Diego López tras la muerte de Diego Hurtado. 

Sería ya en 1468 Diego López de Zúñiga, nieto, primer conde de Miranda de Duero, quien ordenó construir un nuevo castillo palaciego en Galve para residencia personal.

En 1543 Francisco de Zúñiga Avellaneda y Enríquez, tercer conde de Miranda de Duero, vendió Galve y su castillo a Ana de la Cerda, viuda de Diego Hurtado de Mendoza y Lemos, que lo cedería a si hijo Baltasar de la Cerda y Mendoza, que sería primer conde de Galve. Con el tiempo sería propiedad de los Silva y Mendoza, duques del Infantado y de Pastrana. 

En el siglo XVIII, por uniones familiares, paso a propiedad de la casa de Alba. En 1873, durante la tercera Guerra Carlista, fue destruido y quedó en absoluto abandono. Entonces los Alba lo cedieron al Estado por no querer hacerse cargo de los restos, quien lo subastó en1971. En esta subasta cayó en manos de Enrique Calle Donoso, propietario también de los castillos de Riba de Santiuste y de Malqueospese , quien lo reconstruyó en parte de manera arbitraria.

El nuevo propietario del castillo tras su subasta de 1971, a finales de los años 1970 realizó una serie de reformas que atentaron con la estructura primitiva del castillo. Se apuntalaron los muros exteriores y se acondicionó el interior con habitáculos para la vivienda. Se tapió la entrada principal en el muro oeste junto a la torre del homenaje.

Se reformaron algunas partes de los muros usando piedra tallada y ladrillo. Otras partes de la muralla fueron levantadas de nuevo con exageradas almenas nuevas y el propietario quiso aumentarlas varios metros hasta que las obras fueron paradas. Desde entonces el castillo se encuentra abandonado por su propietario y el estado del castillo es de ruina progresiva.

Buena estampa tiene el castillo de Galve de Sorbe, en aceptable estado, pero por poco tiempo, si nadie lo remedia. Al ser propiedad particular y no haber fondos para su restauración se desmorona lenta pero inexorablemente 

ACCESO AL CASTILLO
Sólo puede visitarse su exterior.


19. Otras Rutas Cercanas:

1 comentario:

  1. Nos encanta esta recopilación de castillos, somos unos enamorados de las fortificaciones defensivas, y no conocemos los de Guadalajara, los tendremos en cuenta.

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