lunes, 2 de agosto de 2021

Escapada al Pirineo de Huesca: De Sabiñanigo a Panticosa

Aracena
San Pedro en Lárrede (siglo XI)

Dolmen de Ibirque, Sabiñanigo

Tirolina de Biescas

Panticosa, Huesca


Balneario de Panticosa

Ibon de Asnos, Panticosa

El Pirineo es uno de los mayores orgullos de Aragón, y no es para menos. Todo el que lo visita, repite. Increíbles montañas nevadas, ibones cristalinos, cascadas, bosques y un sinfín de cosas más hacen del Pirineo aragonés un destino único para disfrutar de la naturaleza.

Si lo que te gusta es estar en contacto con la naturaleza, ¡has venido al lugar indicado! El Pirineo es el destino perfecto para desconectar de los atascos, la contaminación y el ruido de las grandes ciudades. Aquí encontrarás planes durante todo el año.

La Comarca de Alto Gállego esta comarca está surcada por el río Gállego que se abre paso a través del precioso valle de Tena. Tiene una importante y valiosa oferta natural, cultural y gastronómica, por ello es uno de los valles más turísticos y conocidos del Pirineo aragonés.

 Además, es en esta comarca donde se concentran dos de los principales motores económicos de la zona: las estaciones de esquí de Formigal y Panticosa.

El Alto Gállego te espera, así que toma nota de estas recomendaciones porque ¡no te arrepentirás!

Indice:
  1. Como llegar a Sabiñanigo
  2. Croquis de nuestra ruta
  3. Que podemos hacer en nuestra ruta
  4. Sabiñanigo
  5. Comer en Sabiñanigo
  6. Biescas
  7. Comer en Biescas
  8. Ermita de Santa Elena en Biescas
  9. Coronar el Arco de Piedrafita
  10. Conocer la historia de Lanuza
  11. Ibones de Anayet
  12. Panticosa
  13. Comer en Panticosa
  14. Ibones en Panticosa
  15. Otras Rutas Cercanas
1. Como llegar a Sabiñanigo:

Nos encontramos en la provincia de Huesca, al norte de la Comunidad Autónoma de Aragón (España), en un amplio y soleado valle entre sierras pirenaicas y a orillas del río Gállego, importante afluente del Ebro.

Llegar a Sabiñánigo es fácil, pues su situación geográfica la convierte en un importante nudo de comunicaciones del Pirineo Central.

Además de en vehículo privado, puedes llegar a nuestra localidad en transporte público. Aquí te explicamos como hacerlo.

Desde Zaragoza (1h30)

Tomar la A-23 en dirección Huesca. Desde allí continuar por la autovía en dirección a Sabiñánigo y después tomar la N-260 hacia Biescas.

Desde Madrid (4h15)

Tomar la E-90/A-2 en dirección a Zaragoza y después la E-7 a Huesca. Desde allí continuar por la autovía en dirección a Sabiñánigo y después tomar la N-260 hacia Biescas.

En Autobús

Desde Zaragoza o Huesca

Línea Zaragoza-Jaca de la empresa AvanzaBus

Desde Pamplona

Línea Pamplona-Jaca de la empresa La Burundesa hasta Jaca, conexión con varias líneas de autobús de la empresa AvanzaBus con parada en Sabiñánigo.

Desde Barcelona

Línea Barcelona-Huesca de la empresa AvanzaBus hasta Huesca, conexión con la línea Zaragoza-Jaca de la empresa AvanzaBus.

En Tren

Desde Zaragoza o Huesca

La línea Zaragoza-Canfranc de Renfe conocida como el «Canfranero» hasta Sabiñánigo

Desde Madrid

Línea Madrid-Huesca de Alta Velocidad Española (AVE) de Renfe hasta Huesca, conexión con la línea Zaragoza-Canfranc de Renfe hasta Sabiñánigo.

Los Aeropuertos más cercanos son el de Pau (en Francia) y Zaragoza, a 94 y 168 km. respectivamente.

2. Croquis de nuestra ruta:



3. Que podemos hacer en nuestra ruta:

Deportes de aventura

Sabiñánigo ofrece una gran oferta en deportes de aventura por estar en la falda de los Pirineos y muy cerca de las principales pistas de sky. 

Muy famosa la marcha cicloturista conocida como Quebrantahuesos que se celebra todos los años.

Esquí y trekking

Esquí en Panticosa

Cuando se trata de esquiar en Huesca o disfrutar de otros deportes de invierno como el ski ratrack, las estaciones de Formigal y Panticosa en Valle de Tena son ideales. 

Si en tu visita quieres realizar alguna actividad, en este enlace te lo pueden solucionan, click aquí

En primavera, aún se puede esquiar en las zonas más altas.

La época de verano, por otra parte, es perfecta para realizar increíbles rutas de senderismo

Senderismo en Panticosa

En Valle de Tena, también puedes hacer rutas de trekking que acaben en embalses. Y si decides visitarla en Otoño, lo más especial será el espectáculo de colores.

Escaladas

El Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos es el sitio que mejor encaja para los amantes del alpinismo, con sus picos de más de 3 mil metros de altura. 

BarranquismoCañones de Guara

Si además de escalar te llama la atención el barranquismo, el Parque Natural de la Sierra de los Cañones de Guara es la opción perfecta. 

Competencia de ciclismo

Marcha cicloturista Quebrantahuesos, Panticosa

Si eres un aficionado del ciclismo, seguro habrás escuchado de la Marcha Cicloturista Quebrantahuesos, la carrera ciclista más popular del país. Su fama se debe al espectacular entorno de los Pirineos y al ambiente festivo que se percibe en el evento.

Iniciamos nuestro recorrido en 

4. Sabiñanigo


Sabiñanigo, Huesca

El origen de Sabiñánigo es romano y parece estar vinculado con el establecimiento de una mansión militar, fundada en torno el siglo II, a orillas de la calzada que comunicaba Osca (la actual Huesca) con los baños termales de Panticosa. 

Fundación de la ciudad: se considera que Calvisio Sabino —propretor de las Galias— fundó Sabiniano a la conclusión de una campaña de pacificación en Hispania.​

La primera mención histórica de Sabiñánigo documentada es de 1035 en donde aparece como Savignaneco, y se refiere a su incorporación al Reino de Aragón. Hacia 1137, en plena época medieval, ya se cita su condición de villa de realengo, categoría que mantendría siglos después. 

Desde esa época el enclave gozó de privilegios, no estando subyugado a ningún señor rural hasta la época Moderna, cuando perdió esta condición aventajada.​

Pedro II, en 1206, donó su iglesia de San Acisclo a García de Gúdal, obispo de Jaca-Huesca. Y finalizando la Edad Media (1492), Fernando el Católico intervino para fijar los límites de sus términos y solucionar los problemas que planteaba el estar vacante las caballerías de honor de este lugar.
Durante el siglo xvi se siguió pagando el impuesto de las caballerías y comenzó un cierto despegue económico. En 1594, se procedió a firmar una concordia con los ganaderos del valle de Tena relativa al paso de los ganados trashumantes por los términos de la villa de Sabiñánigo y por los de sus aldeas dependientes. Sin embargo, a juzgar por los documentos, el lugar parece que se arruinó en 1696.8

Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España de 1845, describe a Sabiñánigo como un pequeño pueblo de 28 casas, aunque con casa consistorial y cárcel; también indica que subsistía por su agricultura y ganadería, produciendo sus tierras «trigo puro y de mistura, legumbres, patatas y pastos».​

A finales del siglo xix, comenzó la construcción de la vía férrea que uniría Zaragoza con Francia por Canfranc. Con la llegada del ferrocarril en 1893 se construyó una estación de tren cerca de Sabiñánigo pueblo; alrededor de dicha estación empezó a crecer un nuevo núcleo de actividad, abriéndose comercios y hospedajes en torno al camino que pronto se denominaría paseo de la Estación. 

El nuevo Sabiñánigo se convirtió en lugar de paso obligado hacia el balneario de Panticosa, donde acudía gente con el fin de tomar las beneficiosas aguas termales; tras unas cinco horas de tren entre Zaragoza y Sabiñánigo, tomaban unos carruajes —autobuses a partir de 1909— que les conducían al citado balneario.

El Barrio de la Estación empezó a tener mayor protagonismo que el núcleo urbano original, e iba consolidándose gracias, primero a los comercios, y luego a la implantación de fábricas. Tanto fue así, que en 1916 el propio Ayuntamiento se trasladó al Barrio de la Estación.

Hoy, es un Importante centro industrial y de servicios que constituye un excelente punto de partida para recorrer algunas de las localidades más bellas del Pirineo aragonés.

Puerta de entrada a los Pirineos, Sabiñánigo ha sabido conjugar a la perfección su evolución como ciudad industrial con sus tradiciones.

Dos son los Museos que podrás visitar en Sabiñánigo. En el término del Puente de Sabiñánigo, en el interior de una casa típica del Pirineo, se ha instalado una interesante y valiosa exposición de etnología bajo el nombre de Museo Ángel Orensanz y Artes Populares de Serrablo.

La localidad de Senegüé, perteneciente al municipio de Sabiñánigo, alberga el Centro de Interpretación de los Glaciares, que dedica una especial atención a los focos existentes en el Pirineo aragonés.

Que ver en Sabiñanigo:


El Pirenarium

Maqueta del Pirenarium, Sabiñanigo

Pirenarium es un parque temático de los Pirineos, donde podremos conocer su antigua cultura pirenaica. 

Recreación a escala de los espacios naturales y las construcciones más importantes de los Pirineos. Además este parque temático pirenarium tiene centro comercial, restaurates y hotel.

En este museo podemos apreciar las edificaciones y espacios naturales más emblemáticos del Pirineo Aragonés en miniatura. Todo, en una gran maqueta de 100 metros de largo, 20 metros de profundidad y hasta 7 metros de altura.

Maqueta del Pirenarium, Sabiñanigo

Caminar por el Pirenarium, es una de las experiencias que tienes que vivir en Sabiñánigo: alucinarás por lo realista de cada elemento en la maqueta. 

No es de extrañar, ya que se utilizó la moderna técnica de cartografía digital para su creación.

Con un total de 119 maquetas, la que más destaca es la cordillera pirenaica: la más grande de Europa.

Si en tu visita quieres realizar alguna actividad, en este enlace te lo pueden solucionan, click aquí

Asimismo, el Museo del Dibujo Julio Gavín «Castillo de Larrés», emplazado en el castillo de este lugar, expone 350 obras. Además de muestras de dibujo artístico, incluye un apartado dedicado al humor gráfico y al cómic.​ 

Castillo de Larrés

Castillo Medieval del S XV en el que se encuentra El Museo de Dibujo Julio Gavín de varias plantas y diferentes temáticas donde cabe destacar obras de José Caballero, Zuloaga y hasta de Salvador Dali. 

Castillo de Larrés, Sabiñanigo

Además el castillo ofrece una amplia gama de actividades como conciertos de música clásica y diferentes exposiciones.

La casa del siglo xix (1810-1830) en El Puente de Sabiñánigo, conocida como Casa Batanero, es la sede del 

Museo Ángel Orensanz y Artes del Serrablo. 

Inaugurado en 1979, la planta baja reproduce las distintas dependencias de una casa pirenaica con todos sus enseres, y en el segundo piso se combinan estancias dedicadas a las labores artesanales con estancias propias de la vivienda.

 En el antiguo granero se ha instalado un espacio lúdico dedicado a «Pedrón», el famoso diablillo del Serrablo. Fue apadrinado por don Julio Caro Baroja y por Julio Gavín.

En el Parque de Sabiñánigo 

se encuentra el ábside de la parroquia de Santa María de Gavin que fue trasladado y reconstruido por la asociación Amigos de Serrablo. 

En él aparecen siete arquillos ciegos lombardos, sobre el que corre un friso de baquetones típico del estilo larredense. Asimismo se reconstruyó en el parque un ventanal románico procedente de la iglesia de Castillo de Guarga decorado con una columnita provista de capitel tipo jaqués.

En el viejo camino de El Puente a Yebra de Basa por el que pasaban los romeros hasta la ermita de Santa Orosia, se halla el Zoque de Santa Orosia, pequeña capilla-oratorio de planta rectangular, su vano de arco de medio punto está cerrado con una verja de hierro que guarda el altar de dedicado a la santa.

Iglesias del Serrablo

Conjunto de Iglesias Medievales construidas en los Siglos X y XI de características similares. 

Forman un total de 14 iglesias la mayoría construidas a lo largo de la famosa Calzada Romana

Todas ellas se encuentran en buen estado gracias a la gran labor de restauración de “Amigos del Serrablo“.

Las iglesias del Serrablo se han declarado Monumento Histórico Artístico y Bien de Interés Cultural. 

En Lárrede se ubica el Centro de Interpretación, desde dónde organizan visitas guiadas en determinados días y horas.

Iglesia de San Pedro de Lárrede, Sabiñánigo

Dentro del término municipal de Sabiñánigo, en Lárrede, se encuentra la iglesia de San Pedro de Lárrede

Iglesia románica de San Pedro en Lárrede (siglo XI).

Construida en torno a 1050 en estilo románico aragonés,​ forma parte del grupo de iglesias denominado del Serrablo. La iglesia es Monumento Nacional desde 1931. 

Enclavada en uno de los núcleos que componen la localidad, en Lárrede, nos encontramos esta belleza de casi mil años, incluida en la Ruta de las iglesias de Serrablo. 

De ella, algunos dicen que está construida en estilo mudéjar, y otros apuntan que es el románico, por lo que resulta difícil asignarle uno de los dos, pero de lo que no cabe la menor duda es que la iglesia de San Pedro atrae la atención de estudiosos y visitantes, porque presenta unas características específicas, las que comparte con todas sus hermanas: una única nave rectangular acompañada de una imponente torre.

Resulta muy agradable ir a conocerla, porque se rodea de un paisaje verde en el que reina la tranquilidad.

Es también recomendable visitar las iglesias de la Ruta del Serrablo: San Juan de Espierre, Otal, Basarán, Susín, Orós Bajo, Oliván, San Juan de Busa, Satué e Isún.

Contacto

Partida Larrede, 2, 22666 Sabiñánigo, Huesca
974484272

Dolmen de Ibirque

En el término de Sabiñánigo se localiza un monumento megalítico, el Dolmen de Ibirque, que se yergue en la cumbre de un cerro. 

Dolmen de Ibirque, Sabiñanigo

Se compone de una cámara interior simple —de planta rectangular y abierta al este— y un túmulo. 

Consta de una gran losa de cubierta, que oculta la mayor parte de la cámara, y cuatro losas laterales.​

5. Comer en Sabiñanigo:

Restaurante La Estiva
Avda. del Ejército 25 Dentro del Hotel Villa Virginia,
22609 Sabiñánigo España
+34 974 48 44 40

Restaurante Pradas
Calle Serrablo 47 Cienfuegos, 
22600 Sabiñánigo España
+34 974 48 05 80

A Chaminera Asador
Calle de Ramiro el Monje 4, 
22600 Sabiñánigo España
+34 657 15 10 02
y algo mas económicos:

Mi Casa
Avenida Ejercito 32 Del, 
22609 Sabiñánigo España
+34 974 48 04 00

Cafeteria Lara
Calle Serrablo No 21 Bajos, 
22600 Sabiñánigo España
+34 974 48 25 79

6. Biescas

Biescas, Huescas

El nombre de Biescas parece provenir del vocablo preindoeuropeo bizka, significando «altozano» o «colina», semejante a otros topónimos de lugares cercanos como Bescós o Biscarrués.

Los testimonios más antiguos de presencia humana en Biescas son las cistas eneolíticas —monumentos megalíticos funerarios— de la explanada de Santa Engracia, que pueden ser incluso anteriores al III Milenio a. C. Una de ellas, la que puede verse en la actualidad, ha sido reconstruida. 

Del la época romana quedan los restos de la calzada que se internaba por el Valle de Tena.

Dolmen de Santa Elena

Es en la Edad Media cuando Biescas, dada su situación estratégica como cruce de caminos, empezó a formarse como tal. 

Aunque hay documentos de los siglos IX y X donde aparecen los nombres de Biascas o Biascasa, se piensa que se refieren a Biescas de Campo, llamado también Biascas de Obarra, y no a la villa del Alto Gállego. 

Parece que la primera vez que Biescas aparece documentada es en el Cartulario de San Juan de la Peña, entre 1020 y 1030. En 1391 aparece como Biescas Sobirón.

Biescas fue desde siempre villa de realengo y, en lo eclesiástico, siempre hubo dos parroquias, San Salvador y San Pedro, aunque se tiene noticia de dos templos más, San Torcuato y San Esteban. Igualmente se sabe que la Ermita de Santa Elena fue "reconstruida" en 1253 por Jaime I el Conquistador y dotada con privilegios por Fernando el Católico en 1484 y por Carlos I en 1525. La Ermita de la Virgen de la Collada es también medieval, aunque sus restos arquitectónicos son posteriores.

En el siglo XVI, Felipe II ordenó fortificar el Estrecho de Santa Elena para proteger sus reinos de posibles amenazas procedentes de más allá de los Pirineos. Con este fin, en la vecina Jaca se edificó la Ciudadela, así como otras defensas aún visibles en los valles del Aragón y del Ara. 

En ese contexto, los días 6 y 7 de febrero de 1592, ochocientos bearneses invadieron y ocuparon Biescas y el Valle de Tena durante once días, siendo luego derrotados en el Barranco des Luterians.

A mediados del siglo XIX, el historiador Pascual Madoz describe la villa como «de terreno áspero en su totalidad... Cruza el término el camino que desde Huesca conduce a Francia. Los demás son locales y todos se hallan en mal estado».

Durante la Guerra Civil, Biescas se vio involucrada en la batalla de Sabiñánigo —entre septiembre y noviembre de 1937—, en la que la 43.ª y la 27.ª divisiones del Ejército de la República lanzaron una ofensiva contra la I Brigada de la 51.ª División Nacional y voluntarios como los Panteras del Valle de Tena y la Compañía de Esquiadores.

La villa de Biescas está situada a las puertas del espectacular valle de Tena. El hermoso entorno que la rodea y su variada oferta de actividades deportivas la han convertido en un animado centro de ocio y lugar de veraneo.

Este bonito pueblo pirenaico está ubicado en un antiguo valle glaciar y se extiende a ambos lados del río Gállego, surgiendo así dos barrios diferenciados: El Salvador y San Pedro, presididos por sendas iglesias del mismo nombre.

Como espacio museístico en la villa destaca el Museo de la Torraza, situado en una casa nobiliaria del siglo XVI.

En sus alrededores podrás visitar la ermita de Santa Elena y dos dólmenes del neolítico a los que se puede acceder andando a través de un sencillo paseo. Si tienes ganas de aventura, no te pierdas el espacio de multiaventura Polituara y la vía ferrata.

Un recorrido ideal para hacer con niños es la Ruta de los Búnkers de Biescas

El itinerario parte de las proximidades del fuerte de Santa Elena y recorre las obras fortificadas construidas durante la posguerra para defender la línea fronteriza.

A muy poca distancia de Biescas discurre la famosa Ruta de las iglesias de Serrablo, que incluye joyas como San Bartolomé de Gavín o San Pedro de Lárrede.

Además, cada mes de octubre, Biescas celebra su tradicional Feria de Otoño. Un certamen de referencia en el mundo de la ganadería y en productos agroalimentarios, como el queso, que cada año atrae a miles de visitantes.

7. Comer en Biescas:

El Montañés
Calle Escudial, 1‎, 
22630 Biescas España
+34 974 48 52 16

Tiki
Calle Mayor 19, 
22630 Biescas España
+34 974 48 54 14

Taberna Gouda
Calle Mayor 10, 
22630 Biescas España
+34 974 48 54 29

y algo mas económicos:

La Borda del Bosnerau
Calle Preciados 1 Horarios de menu : 13:00 a 15:00 y 15:00 a 16:30 noches a partir de las 19:00, 
22630 Biescas España
+34 618 42 40 76

Pizzeria la Tea
Ronda San Pedro 3 Huesca,
 22630 Biescas España
+34 974 48 54 43

Tirolina Valle de Tena


Tirolina Valle de Tena, Biescas

Se trata de la tirolina más larga de los Pirineos a nivel nacional y de Europa. Esta tirolina además es doble y sobrevuela el Lago de Bubal a más de 120 Mts de altura.

Tiene un recorrido de 950 Mts y también se puede hacer de noche!!!!​ Esta es una de las mejores actividades, única en España. LA RECOMENDAMOS.

8. La Ermita de Santa Elena en Biescas 

Ermita de Santa Elena, Biescas

es una de esas excursiones que vas dejando para otro momento no se sabe muy bien porqué y el día que por fin te animas te arrepientes de haber tardado tanto en disfrutarla.

Se encuentra a medio camino entre Biescas y el embalse de Bubal (en la carretera hacia Francia A-136). Unos 5km después de Biescas encontraremos a nuestra derecha un puente de piedra que cruza el río Gállego con una explanada que nos permite dejar el coche allí mismo (enlace de Google Maps). Se trata de un área de tierra situada entre el Valle de Tena y Tierra de Biescas.

Una vez que cruzamos el puente, avanzando unos metros, podemos elegir entre bajar al cauce del río para visitar el Dolmen de Sta. Elena a nuestra derecha o comenzar a ascender por nuestra izquierda a la peña donde encontraremos el fuerte, bunkers y ermita de Sta. Elena. Nosotros tomaremos este segundo camino.

Se trata de una carretera-pista de gravilla cerrada con una barrera (en principio no hay peligro con los coches pues no pueden pasar) que asciende suavemente haciendo zetas.

En apenas unos minutos llegaremos a la zona de los bunkers, un tramo de la llamada Linea P o Linea Pirineos. Se trata de una linea defensiva posterior a la Guerra Civil Española (aprox. 1944) cuyo objetivo era fortificarse ante una hipotética invasión desde los Pirineos. Esta linea estaba compuesta de emplazamientos para ametralladoras, cañones, morteros, observatorios y depósitos de municiones y víveres.

Aunque el tramo que podemos visitar se encuentra en bastante buen estado y se puede visitar sin mayor riesgo, es importante extremar la precaución con los niños y respetar la construcción. Los pasadizos y habitáculos excavados en la roca representan una oportunidad de juego y aventura que les encantará a los más pequeños.

Continuamos nuestro ascenso hasta alcanzar el fuerte de Santa Elena, construido en el siglo XVI, ampliado en el XVII, re-edificado en el XIX y actualmente abandonado. Domina el desfiladero, obligado paso de aquellos que cubrían la ruta Francia-España pasando por el Portalet.

Algunas de sus estancias se encuentran cerradas (parece que alguien las ha convertido en almacén) aunque la parte más antigua, derruida y conectada con la Linea P, puede visitarse con un poco de precaución. Los pasadizos en esa parte son bastante profundos, una linterna puede venir bien para la excursión.

Ya falta muy poco para llegar a la ermita, que emerge blanca e imponente entre el bosque. Aunque salvo en los días de romería (13 de junio, San Anton, y 18 de agosto, Santa Elena) permanece cerrada, en su exterior encontraremos una fuente donde refrescarnos y un área de picnic con mesas de madera ideales para merendar. Un poco más adelante hay una casa de piedra que parece funcionar como albergue.

En este enlace del ayuntamiento de Biescas puedes conocer algo más sobre la historia alrededor de la santa y características arquitectónicas de la ermita.

Manantial la Gloriosa

También en el recorrido hacia la Ermita de Santa Elena, encontramos este sifón conocido como Manantial la Gloriosa. 

Cuenta la leyenda que la divinidad se vale de este manantial para expresarse en determinados momentos. Un lugar muy famoso en Aragón y visitado por turistas de toda España.

EL ENTORNO DE SANTA ELENA, PARADA OBLIGADA EN LA VISITA A LA TIERRA DE BIESCAS

Si todavía no lo conoces, el conjunto de Santa Elena y su entorno es parada obligada en tu visita a Biescas. Además de la iglesia, su entorno guarda rincones con historias para hacer disfrutar a pequeños y mayores de una jornada fantástica por la Tierra de Biescas.

La ermita con su cripta, así como la fuente que nace de la cueva anexa y vuelve a filtrarse en la tierra para aparecer un poco más abajo en forma de cascada, no son el único atractivo que se encuentra en este legendario enclave pirenaico.

El entorno de Santa Elena esconde grandes atractivos. 

FORTIFICACIONES Y BUNKERS COMPLETAN EL ATRACTIVO TURÍSTICO E HISTÓRICO DEL ENTORNO DE SANTA ELENA

Muy cerca, a lo largo del camino que va desde Santa Elena a Hoz de Jaca, encontramos varias fortificaciones y bunkers militares legado de las batallas que aquí se vivieron en diferentes épocas, dada la situación estratégica entre las sierras de Telera y Tendeñera, como puerta de acceso al Valle de Tena y como segunda frontera con Francia.

Bunkers de la Linea P, Santa Elena, Biescas

Entre otras construcciones, encontraremos un largo pasadizo con un muro aspillerado que finaliza en dos cañoneras de infantería que, aunque construidas en origen con otra finalidad, hoy en día nos brindan unas fantásticas vistas del Valle de Tena. 

Y es allí, a la altura del pasadizo, donde nos recibe un panel interpretativo que nos indicará el comienzo de la Línea P que recorre el tramo Santa Elena- Hoz de Jaca (Núcleo de Resistencia 106). 

Durante el recorrido, también encontraremos asentamientos para fusiles ametralladoras, ametralladoras dobles, o ametralladoras antiaéreas, observatorios y puestos de mando.


El entorno de Santa Elena esconde grandes atractivos. 

EL SORPRENDENTE ENTORNO DEL CONJUNTO DE SANTA ELENA

Pero, además, el entorno de Santa Elena sorprenderá a los visitantes con muchos más detalles relacionados con nuestra historia y la cultura del lugar. 

En la parte baja del conjunto encontraremos algunas de las formaciones megalíticas más antiguas del Alto Gállego: dos dólmenes prehistóricos que fueron reconstruidos hace unos años.

Alrededor de estos túmulos funerarios se encontraron restos de flechas, joyas y otros utensilios hechos a mano que son prueba de que el Alto Gállego ya existían pobladores desde el tercer milenio a.c.

 Cerca de estos dólmenes, los zoques de Santa Elena y Santa Engracia, parte esencial de la tradición religiosa y la cultura de la zona. 

Y también otros enclaves, como el Barranco de los Luteranos o el Puente del Diablo de origen romano, escenarios tanto de batallas como de leyendas.

Puente del Diablo, Biescas

 VÍAS FERRATAS

Rodeados de paisajes y bosques de cuento que nos harán sentir la naturaleza y el otoño en todo su esplendor, y ahora que ya no sufrimos el agobiante sol de verano, es el momento perfecto para iniciarse en la práctica de las vías ferratas.

Afortunadamente, en Santa Elena contamos con una vía de iniciación de las más bonitas del Pirineo. Se trata de una actividad en la que mayores y pequeños disfrutaran ascendiendo por la roca ayudados de una instalación de hierro o acero, preparada para dicho fin.

Por supuesto para hacer una vía ferrata necesitamos de un equipamiento especial, sin el que no podemos adentrarnos en la aventura, y unos conocimientos básicos sobre cómo ha de ser la progresión, para realizar la actividad de forma segura.

Si no disponemos de los conocimientos y/o la equipación necesarios, podemos contratar la actividad a través de una empresa especializada, que además pondrá a un guía titulado a nuestra disposición. 

Vias Ferratas, Biescas

 El ascenso se tornara en una actividad inolvidable al contemplar las fantásticas vistas tanto de la tierra de Biescas como hacia el valle de Tena y se convertirá en el colofón perfecto para vuestra visita al entorno de Santa Elena.

Justo hacia el desfiladero hay unas estrechas, húmedas y resbaladizas escaleras que esconden uno de los mayores secretos de la excursión, una curiosa cascada que cae sobre una cueva en la que podemos entrar. 

Aunque el espacio está muy encharcado y nos obligará a caminar haciendo equilibrios sobre las piedras para no mojarnos, la magia del lugar bien merece el riesgo. El agua se desliza por el musgo y la hierba formando una cortina de perlas brillantes de agua con unos juegos de luces maravillosos.

Rodeando la cascada por nuestra izquierda, junto al vallado de madera, podemos llegar hasta la parte trasera donde está el acceso a la pequeña cueva.

Se trata de un final de excursión majestuoso, que nos animará para iniciar el agradable descenso para volver hasta el puente del que partimos por el mismo camino de subida.

Datos de la excursión:
Duración del ascenso: 25′ aprox
Desnivel: 50m
Dificultad: Muy fácil

Edad aconsejada: cualquiera, pero a partir de unos 6 años se lo pasaran bomba y les parecerá una gran aventura.

 

Consejos:

Lleva una linterna (o usa el móvil como tal) para poder introducirte en los pasadizos de los bunkers más profundos sin miedo.

Mucho ojo en la zona de bunkers y ruinas con la caída de piedras, algunos muros se encuentran en bastante mal estado.

Unas botas que resistan bien el agua nos ayudaran a correr menos riesgos en la zona de la cascada, aunque no son necesarias por la dureza del sendero.


Merece la pena bajar hasta el dolmen si al volver te sientes aun con fuerza. El entorno es precioso.

Con niños mayores más acostumbrados a caminar puede hacerse esta misma ruta desde Biescas siguiendo el sendero GR15 (Biescas-Ermita de Santa Elena). 

En este caso la ida nos llevará 1h45′ aprox.

y cerca de la ermita de Santa Elena, en Biescas:

 

9. Coronar el Arco de Piedrafita

Es un clásico del valle de Tena. Parte desde la localidad de Piedrafita de Jaca, aunque si quieres ahorrarte una buena subida, te animo a que dejes el coche en el párking de Lacuniacha (5€). Desde ahí sale un sendero muy bien marcado y señalizado rumbo al ibón de Piedrafita. 

Está a unos 3 kilómetros y es de muy fácil acceso. Lo mejor de esta primera aproximación es el entorno: ¡qué maravilloso es este valle!

Arco de Piedrafita

Visto el ibón y hechas las fotos pertinentes, toca llegar hasta el arco de Piedrafita. Tras subir una pequeña cuesta, se llega a una pequeña explanada desde donde se ve esta perfecta formación natural. 

Tienes dos opciones: contemplarlo desde abajo y volver al párking o hacer un pequeño esfuerzo y subir hasta él. Mi recomendación: ¡sube! No te arrepentirás. Es un camino pedregoso y con bastante pendiente pero solo hay que tener un poco de paciencia.

Desde lo alto del arco hay unas vistas espectaculares del valle de Tena. 

Te aconsejo subir temprano, no solo por el calor si no porque podrás disfrutar de este lugar casi en soledad. Para volver tienes dos opciones: hacer la ruta lineal y deshacer el camino andado o hacerla circular y continuar las indicaciones hacia Piedrafita de Jaca.

10. Conocer la historia de Lanuza

Es un pueblo de postal. Se puede ver desde la carretera a orillas del embalse de Lanuza, con sus casitas de piedra y pizarra, tranquilo y perfecto para pasar unos días desconectado de todo. Pero en esta localidad, que también pertenece al municipio de Sallent de Gállego, no todo ha sido prosperidad. 

La construcción del embalse en 1976 provocó su paulatino y forzado despoblamiento hasta quedar completamente deshabitada en 1978. 

Víctima del expolio y el abandono, en la década de los 90 los antiguos moradores consiguieron recuperar las propiedades no sumergidas por sus aguas e iniciaron un proceso de revitalización que sigue activo.


Lanuza

Lanuza no solo es conocida por la belleza de su entorno. Cada año, desde 1992, acoge Pirineos Sur, el festival internacional de las culturas. Talleres, exposiciones, música y mercados se dan cita durante la segunda quincena de julio en un entorno de completa paz y naturaleza. 

Por sus escenarios han pasado artistas de la talla de Andrés Calamaro, Crystal Fighters, Calle 13, Diego El Cigala, Café Tacva, Paco de Lucía, Russian Red, Manu Chao…

11. Los Ibones de Anayet

Es una de las rutas más famosas y bonitas del Valle de Tena. Existen tren formas de llegar hasta allí: desde Canfranc, desde el Portalet (la frontera con Francia) o desde el Corral de Mulas (parking de la telesilla de Anayet). Esta excursión forma parte de la etapa 12 del GR 11, el sendero de gran recorrido que cruza los Pirineos del oeste al este, lo que garantiza una buena señalización de la ruta.

Pico Anayet

Desde los ibones hay una vista excelente del pico Anayet y del Midi d’Ossau. Seguramente te encuentres con una buena caballada salvaje pastando a sus anchas que mejorará aún más la experiencia.

Y si te has quedado con ganas de seguir caminando, puedes subir al vértice de Anayet o al pico, según tus ganas, tiempo y forma física. Desde arriba las vistas mejoran un montón y es un buen colofón a la caminata.

12. Panticosa

 Panticosa, Huesca

Panticosa se emplaza en el Valle de Tena junto a la confluencia del Caldarés y el Bolática, ríos que descienden de las más altas cumbres del municipio. 

Dentro del término también se encuentra la estación de esquí alpino «Panticosa-los Lagos» (actualmente del grupo Aramón), además de un afamado balneario de aguas termales a 8 kilómetros de la población («Baños de Panticosa»). 

Si en tu visita quieres realizar alguna actividad, en este enlace te lo pueden solucionan, click aquí

Cuenta también con otro núcleo de población de menor entidad, El Pueyo de Jaca, en el que hay un albergue al cual acuden grupos juveniles y escolares para esquiar en la estación o participar en colonias de verano.

Algo de Historia 

En tiempos de los romanos, muy aficionados a las termas, hasta el Manantial de Tiberio venían los ricos habitantes del sur de Osca (hoy Huesca) y Cesaraugusta (la actual Zaragoza) por caminos que seguían el cauce del río Gállego. 

Con la caída del Imperio Romano, en el siglo V después de Cristo, y la llegada de los pueblos bárbaros, las termas cayeron en desuso y los balnearios en decadencia. Así ocurrió con el de Panticosa, del que no hay noticias en los documentos encontrados sobre esta zona del Valle del Tena durante la Edad Media.

Durante el Renacimiento, el interés por los baños termales resurgió en toda Europa y, a finales del siglo XVII se decide construir la primera Casa de los Baños por encargo del Quiñón de Panticosa, propietario de los baños, que a su vez iba arrendando su explotación a diferentes empresarios privados por periodos de tres años y a cambio de una renta que llegó a alcanzar los 960 reales.

Durante una época, el uso del baleario de Panticosa fue gratuito para los vecinos del pueblo

En el siglo XVIII el balneario tuvo una gran actividad y prestigio, sobre todo cuando se descubrió un segundo manantial (el de Herpes) y se construyó una segunda casa de baños. 

Con las dificultades de principios del siglo XIX y la Guerra de Independencia de 1808 contra los franceses se paralizan varias iniciativas de arrendamiento a empresarios franceses hasta que, terminada la guerra, el gobierno promulga las primeras medidas de reglamento y apoyo a los balnearios. 

 Como la entonces Casa de Baños de Panticosa estaba muy deteriorada, el rey Fernando VII obliga al Quiñón a ceder el privilegio de explotación de las aguas medicionales a Nicolás Guallart, a cambio de un canon anual y a un número de plazas gratuitas para los habitantes de la zona. Guallart construye las ocho edificacioes que, aún hoy, constituyen el núcleo del balneario.

A lo largo del siglo XIX el Balneario de Panticosa se convirtió en una gran villa de prestigio capaz de albergar a más de 1.500 personas (oferta mayor que la de balnearios de Santander o San Sebastián).

Balneario de Panticosa, Foto Histórica

Los edificios construidos eran típicamente balnearios, con hoteles, villas y servicios varios que les daban gran autonomía. De arquitectura de montaña con influencias francesas, la estética y el estilo del balneario en su conjunto eran de auténtico lujo, razón por la cual era visitado por los personajes más ilustres de la época y por los representantes de la alta burguesía aragonesa, catalana, vasca y madrileña. 

Balneario de Panticosa, Foto Histórica 1916

Visitaron el Balneario de Panticosa personajes famosos de la época, como Niceto Alcalá Zamora, Perico Chicote, Zarra, Irondo, Panizo o el mismísimo Santiago Ramón y Cajal.

Panticosa se cita por primera vez en el siglo xiii y ya constaba de cuatro barrios (llamados vicos): Santa María, San Salvador, Sus y Exena; los tres primeros conforman el casco antiguo actual, desapareciendo con el tiempo únicamente el último.

Entre 1900 y 1950 llegó a contar con casi 900 habitantes, aunque los edificios del pueblo datan en su mayoría del siglo xix (época de máximo esplendor del balneario). Junto con El Pueyo y Hoz, conformaba uno de los tres históricos quiñones en los que se dividía administrativamente el valle

Panticosa más allá del esquí

Panticosa es un pueblo muy pequeño, aunque popular gracias a que tiene una estación de esquí y es objetivo de multitud de viajeros invernales en busca de nieve. Pero tiene vida y actividades más allá de este deporte, tanto en el pueblo como cerca. 

De hecho, la misma estación es aprovechada para servir de trampolín en verano (del 8 de julio al 27 de agosto) para poder acceder al Ibon de Sabocos y al de Asnos (valles glaciares) y a un mirador espectacular de todo el Valle de Tena. 

Es bastante sencillo (unos siete kilómetros y con tan solo una pendiente fuerte) y diferente, así que nos parecía una gran opción para decir adiós a esta tierra que nos conquistó.

Este viaje supone montarse en la telecabina de la estación de esquí y remontar más de 700 metros de desnivel en tan curioso transporte. 

El trayecto a mí, me impresionó bastante y aunque las vistas eran preciosas, creo que no estuve en la situación adecuada para disfrutarlo. No obstante, es curioso y a la vez divertido, como subirse en una noria, pero además con un entorno natural único.

Otra opción que podéis valorar para visitar este lugar es una excursión desde la ciudad de Huesca y donde ver fundamentalmente el valle de Ripera. Si viajas por libre, puedes seguir leyendo.

Cuando subimos pronto nos maravillamos con las vistas del Valle de Tena. En este punto, se pueden tomar autobuses que te llevan a los puntos cercanos a los ibones para no tener que hacer el trayecto andando. 

Nosotros subimos andando y gozamos así también de las vistas desde diferentes puntos de vista. Se recorrer el camino de los autobuses, por lo que hay que tener cuidado con ellos. También se puede atajar por mitad del campo, lo que nosotros hicimos sobre todo al bajar.

Ha sido declarado conjunto urbano de Interés Turístico Nacional. Tiene el conjunto lacustre más amplio del Pirineo Aragonés con 50 ibones (lagos de altura que almacenan agua en la cuenca de antiguos glaciares). A sus habitantes se les denominan panticutos.

Fiestas

Fiestas patronales se dan en los días 15 y 16 de agosto, en honor de la Asunción y San Roque.

Mercado medieval, que tiene lugar una vez al año y se prolonga durante todo un fin de semana.

Pantival de Festicosa, festival del humor que también se celebra un fin de semana al año. Los monólogos y las actuaciones entretienen a todo el que se acerca a la localidad.

Cosas que hacer cerca de Panticosa

Huelga decir que Panticosa se encuentra en pleno corazón del Pirineo, uno de los rincones más bonitos que he descubierto en mis viajes por España. Por tanto, no debemos de ceñirnos solo a conocer el pueblo y la zona de la estación de esquí, ya que hay otras cosas que visitar.

Además, si te apetece un plan relajante, no olvides que puedes ir al Balneario de Panticosa, allí donde la carretera se acaba y encontrarás la paz obligadamente. Nosotros subimos para ver cómo era la zona y ya notamos rápidamente esa sensación de aislamiento de la que hablo.

Recorriendo la estación de esquí en verano

Hay mucho encanto en recorrer una estación de esquí cuando no está cumpliendo su función, incluso cuando no practicas apenas este deporte. Quizás porque parece abandonada y te embruja. 

Quizás porque te imaginas cómo es cuando tiene nieve -mi novio me lo explicó detalladamente-. Quizás porque recientemente he visto varias películas relacionadas con ellas y tienen algo de magnético (Sister y Fuerza Mayor, por si os interesa); quizás porque en invierno rebosan vida y en verano, tranquilidad. La cuestión es que ver los telesillas colgados en mitad de la nada y las altísimas montañas de fondo es una imagen que merece la pena ver.

El primer tramo de la ruta es el más sencillo y aunque después la cuesta se endurece, el camino hasta el Ibon de Sabocos no resulta difícil. Este valle glaciar es muy pronunciado y también se requiere tiempo para recorrerlo y verlo bien.

 Nosotros teníamos algo de prisa y apenas paramos, pero es el lugar ideal para plantar el campamento, comer y quizás darse un baño después. El lago es muy llamativo, con un color verde intenso que hace que no dejemos de fotografiarlo.


El siguiente tramo, que nos lleva al Ibon de Asnos, es el más dificultoso. 

En lugar de volver al camino de tierra por donde va el bus, decidimos tomar un camino formado en la ladera que tenía una pendiente muy pronunciada.

 En este momento, volvimos a tener esa sensación de que fallan las piernas y que la fatiga nos acelera el pulso, pero con un par de paradas y un derroche de energía, conseguimos acabar aquella dura rampa. Os animo a que lo hagáis tranquilos, disfrutando del camino y abriendo bien los ojos. En otras páginas web, he leído que en ocasiones hay marmotas que se dejan ver.

El Ibon de Asnos es mi opinión es algo menos llamativo, si bien para sentarse en su orilla requiere de menos esfuerzo y por ello, puede resultar más cómodo. En este punto, alcanzamos los 2.060 metros de altitud. Hacía un día espectacular y podríamos habernos quedado allí mucho más tiempo. 

Pero como no llevábamos comida, simplemente nos sentamos un rato para coger fuerzas y admirar el paisaje y después, tomamos rumbo de nuevo para enfilar la bajada, que fue mucho más rápida, como en casi todas las rutas.


13. Comer en Panticosa:

Mesón Lavedan
Calle Navero, 19, 
22663 Tramacastilla de Tena España
+34 639 13 82 46

La Era de Berdon
18 Calle Beato, Tramacastilla de Tena España
+34 974 48 74 16

El Embalse
Calle Mayor 10 El Pueyo de Jaca,
 22662 Panticosa España
+34 974 48 70 48

Restaurante Casa Patro
Calle Mayor, 3,
 22663 Tramacastilla de Tena España
+34 974 48 71 52

Casa Blasco
C/ La Iglesia 1, Tramacastilla de Tena España
+34 974 48 70 84

y algo mas económicos:

A Taberna de Jandro
c/ Única se Encuentra Justo en la Entrada Del Pueblo, Sandiniés España
+34 676 95 49 88

Bar Cafetería Casa Ferrer
Carretera Francia, 5 Poblacion Escarrilla, 
26660 Escarrilla España
+34 600 00 00 00

Os recomiendo dos pueblos preciosos para visitar: Tramacastilla de Tena y Sallent de Gállego. 


Tramacastilla de Tena tiene una luz especial y un mirador para observar de otro modo el valle. 

Por su parte, Sallent de Gállego fue el que más me encandiló: Situado en un entorno único, cada rincón es un mirador, además de tener unas calles cuidadas y una arquitectura muy chula.


Por último, otro de los puntos imprescindibles si estás por la zona es el Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido, una parcela de naturaleza con cientos de paisajes espectaculares. Yo hice parte de una ruta, muy popular, conocida como la Cola de Caballo, que te lleva a una zona del parque realmente bonita.

 Está rodeada de grandes montañas, discurre cerca de un río de aguas cristalinas y cada cierto tiempo, hay lugares donde observar cascadas altísimas o preciosas. ¡Muy recomendable! 

Si en tu visita quieres realizar alguna actividad, en este enlace te lo pueden solucionan, click aquí

Parte de Torla, que también es interesante y está muy cerca de Broto, un pueblo donde el mayor atractivo es una cascada que hay en las afueras.

14. Ibones en Panticosa


Ruta a los Ibones Azules, de Bachimaña y de Tebarray desde el Balneario de Panticosa 

El Valle de Tena es uno de los más grandes del Pirineo. 

Entre sus cotas de 600 y más de 3000 metros de altitud destacan la ingente cantidad de rutas de montaña y el esquí (Alpino en las estaciones de Formigal y Panticosa, y de Fondo en las pistas del Balneario).


Ibón de Panticosa (1650 metros de altitud)

Aquí me centraré en la Ruta de los Ibones y las Pistas de Esquí de Fondo, estando el origen de las dos en el Balneario de Panticosa (también conocido como Baños de Panticosa), situado en este valle perteneciente a la Comarca del Alto Gállego.


El acceso es sencillo. 

Desde el pueblo de Panticosa, sale una carretera (A-2606) que sube en unos 10 kilómetros hasta los Baños de Panticosa, punto de partida de la ruta de los ibones y emplazamiento de las pistas de esquí de fondo.

Ruta de los Ibones Azules

Duración: 7-8 horas (6 de octubre)

Zonas Visitadas: Pirineo Aragonés, Valle de Tena, Baños de Panticosa, Ibones de Bachimaña, Ibones Azules, Collado de L’Infierno, Ibón de Tebarray
Kilómetros Recorridos: 20 kilómetros (ida y vuelta)
Desnivel Total Acumulado: 1200 metros de subida y 1200 metros de bajada
Puntos de Altitud Máxima y Mínima: 2720 m / 1650 m

Resumen de la Ruta

Los ibones (término aragonés para los pequeños lagos de montaña) del Pirineo son acumulaciones de agua de origen glaciar y que, en el caso de Aragón, muchas veces suponen el nacimiento de sus ríos.

La zona de los Baños de Panticosa es un área muy rica en ibones (empezando ya mismamente por el Ibón de los Baños, situado a 1650 metros de altitud y que está situado junto al balneario y las pistas de esquí de fondo), y cualquier ruta que pase por algunos de ellos tendrá este ingrediente extra a las ya de por sí excepcionales vistas de los picos del Valle de Tena.


Ibón Azul Bajo: Un Mar en Alta Montaña

Quizás una de las rutas más famosas sea la que sube hasta el Refugio de Bachimaña, y que se puede completar continuando hasta los Ibones Azules y, desde aquí, hasta el Collado de L’Infierno (donde está el Ibón de Tebarray), que permite subir a los Picos de Los Infiernos o continuar hasta el Refugio de Respomuso.

Optamos por hacer la ruta hasta los Ibones Azules y, una vez allí, valorar si sería posible subir a Los Infiernos o no ya que había amenaza de tormenta por la tarde.

Quedamos directamente a las 9 de la mañana en el Refugio de La Casa de Piedra de los Baños de Panticosa. 

La ruta es muy fácil de seguir. Hay mucha señalización: bien con paneles o con marcas del GR-11, por lo que se puede hacer perfectamente sin mapa y sin GPS, simplemente fijándonos bien en el sendero y los desvíos.


Desde el refugio (a 1650 metros de altitud), el camino empieza en ascenso continuo sobre roca por una ladera situada a su derecha.


Al cabo de un rato empezamos a oír el ruido del agua. En este primer tramo de subida la ruta pasa junto a varias cascadas que bajan desde lo alto de las montañas (¡el agua está muy presente en este valle!).


En sí el camino no tiene más dificultad que el desnivel. Es cierto que hay pequeños tramos donde se estrecha y nos obliga a pasar bastante cerca de alguna que otra caída, pero han colocado cables de metal para que quien tenga algo de vértigo pueda agarrarse y así sentir más seguridad.


Rozando ya los 2000 metros de altitud, nos encontramos con la llamada Cuesta del Fraile. Una bonita pared con varias cascadas que nos separa de la primera parada: El Refugio de Bachimaña.


Último esfuerzo antes de llegar al refugio

Hasta aquí habíamos subido por la sombra, pero ya nada nos iba a proteger del sol en lo que quedaba del día (bueno, salvo las nubes que empezaron a hacer acto de presencia unas horas después).

Salvado este desnivel llegamos al Refugio de Bachimaña, inaugurado en 2012 y situado a 2200 metros de altitud.

Es estupendo, con habitaciones nuevas, baños limpios y unas vistas estupendas del Ibón Bajo de Bachimaña.


¡Primer ibón de la ruta! (bueno, sin contar el del Balneario)

Natalia y los demás dejaron aquí parte de su equipaje ya que iban a hacer noche en el refugio. Yo iba de “ruta de día”, así que a la vuelta me esperaban casi 600 metros de desnivel extra de bajada.

Tras un pequeño descanso, pusimos rumbo a los Ibones Azules. Dejamos atrás el Ibón Bajo de Bachimaña y empezamos a bordear el Ibón Alto de Bachimaña por su lado sur


¡Qué preciosidad de Ibón! Me ha encantado, sobre todo por las islitas que tiene en el medio. Además, el agua reflejaba el cielo azulado que aún nos acompañaba.


¡Dan ganas de quedarse a vivir en una de las islas!

Solo por haber llegado hasta aquí la ruta ya habría merecido la pena, pero aún nos quedaban unos cuantos tesoros pirenaicos por descubrir.

Después de los Ibones de Bachimaña, llegamos a una llanura atravesada por unos cuantos riachuelos (al estilo de lo que ocurre en el Valle de Aguas Tuertas pero mucho más pequeños).

Una pequeña subida conduce al primer ibón azul, pero antes de llegar conviene detenerse un rato y echar la vista atrás ya que las vistas de esa pequeña llanura y el Ibón Alto de Bachimaña son espectaculares.


Sin darnos cuenta llegamos a los pies del Ibón Azul Bajo (a 2360 metros de altitud).


Una vez más me sorprendió la poca gente que nos encontramos en todo el recorrido. Es cierto que había amenaza de tormentas a partir de la tarde, pero hasta entonces el día estaba fabuloso. A ratos hacía quizás algo de calor, pero pronto venía una brisa de aire fresco para contrarrestar.

¡Condiciones óptimas para caminar!

Me ha encantado este primer Ibón Azul. Es bastante grande y está enclavado a los pies de las Puntetas de Bachimaña.


No sé muy bien el motivo, pero me transmitía mucha paz y tranquilidad. Quizás porque el color del agua azul intenso me recordaba al color del Atlántico al que tan acostumbrados estamos en Galicia…

El Ibón Azul Alto está justo a continuación (a poco más de 2400 metros de desnivel) y, a diferencia del anterior con su forma de elipse casi perfecta, tiene un trazado mucho más loco y aleatorio.


La verdad es que se mire desde donde se mire es una fiesta para los ojos.

Cuando llegamos eran ya las 13.30 y las nubes de la supuestas tormentas vespertinas empezaban a aparecer acompañadas de unas buenas ráfagas de viento bastante frescas.

Encontramos un pequeño muro de piedra junto al ibón y nos sentamos almorzar protegidos por el viento, y a decidir qué hacer.

Barajamos varias posibilidades. La de subir a Los Infiernos fue la primera en caer, porque con las nubes y un panorama que podía empeorar no parecía la opción más inteligente. Podíamos volver al refugio, pero teniendo en cuenta que estábamos ya tan cerca, nos daba pena no intentar subir al menos hasta el Collado de L’Infierno.


El colorido del Pirineo en estado puro

Así que eso fue lo que hicimos. Recogimos todo el despliegue de comida asegurándonos de que no quedasen restos, y pusimos rumbo al collado para así llegar al último ibón del día.

Todo este tramo desde Bachimaña sigue el GR-11 en su etapa entre este refugio y Respomuso y, desde el Ibón Azul Alto son otros 300 metros de desnivel por un caos de piedras rotas y sueltas hasta el collado.

Subida al Collado de L’Infierno

Aún así, el camino se distingue bien. Hay un momento en el que parece que se bifurca y conviene quedarse por el de la izquierda ya que parece más sencillo.

A medida que subíamos las nubes se volvían cada vez más oscuras y la sensación térmica era cada vez más fresca.

Llegamos a lo alto en unos 40 minutos con paso continuo, y nos pusimos así junto al Ibón de Tebarray, a 2720 metros de altitud. 

Al fondo se podía intuir entre las nubes algunos de los picos de la zona de Candanchú y Astún.

Ibón de Tebarray

Hacia atrás había menos nubes pero poco a poco el cielo azul que nos había acompañado durante toda la jornada iba desapareciendo. A pesar del cambio de luz, gracias a la altitud que habíamos ganado se distinguían perfectamente el Ibón de Bachimaña, el Pico de Vignemale y, por primera vez, el Ibón Bajo de Gramatuero.


La verdad es que hacía una buena rasca ahí arriba. Tras cinco minutos pusimos rumbo de bajada con piloto automático hasta el Refugio de Bachimaña. 

Para cuando llegamos al Ibón Alto, las nubes empezaban a hacer bastante sombra (nubes poco amistosas además), así que me despedí rápidamente de mis compañeros de ruta y continué el descenso para llegar al coche antes de que me alcanzase la tormenta.


El trazado que sigue al río Caldarés (el mismo por el que subimos) estaba ya totalmente cubierto y con una luz muy grisácea, y eso que no eran ni las 6 de la tarde.


Tic-tac… se acerca la lluvia

Me alegré bastante cuando pude distinguir ya los edificios del complejo del balneario. No me apetecía nada que me cogiese el chaparrón y llegar empapado al coche.


Puse quinta y llegué al aparcamiento antes de que empezase a llover, algo cansado por este último descenso sin parada pero muy contento de haber disfrutado de tan excepcional día de montaña con una compañía inmejorable



15. Otras Rutas Cercanas:

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