lunes, 19 de julio de 2021

Escapada al Mítico Valle del Silencio, León: De la Herreria de Compludo a la Cueva de San Genadio

Herreria Medieval de Compludo, León

Reserva Ornitol
ogica de Palacios de Compludo

Peñalba de Santiago

Iglesia Mozárabe de Peñalba de Santiago


Cueva de San Genadio, Peñalba de Santiago

Monasterio de San Pedro, Montes de Valdueza

Uno de los mejores planes puede hacer, es visitar El Bierzo, en León. 

Ya os hemos contado que El Bierzo es un gran destino enoturístico, además de contar con otros atractivos. Unos de los lugares mas interesantes del Bierzo son La Herreria de Compludo y el Valle del Silencio. 

Tenemos dos opciones para llegar a Compludo desde Astorga por el Camino de Santiago, o bien desde Ponferrada, elegimos esta posibilidad por ser la mas cercana.

Por tanto, una vez en Ponferrada, si queremos conocer todo sobre esta ciudad


Índice:

  1. Cómo llegar a Compludo, inicio de nuestra ruta
  2. Herrería de Compludo
  3. Comer en la zona
  4. Reserva Ornitológica de Palacios de Compludo
  5. Valle del Silencio
  6. Algo de Historia sobre el Valle del Silencio
  7. Peñalba de Santiago
  8. Iglesia de Santiago
  9. Cueva de San Genadio
  10. De Peñalba a la cueva de San Genadio, una ruta por el corazón del Valle del Silencio
  11. Monasterio de San Pedro, Montes de Valdueza
  12. comer en Peñalba de Santiago
  13. Otras Rutas Cercanas

elegimos esta ruta de acceso , por estar bastante mas cerca

Cómo llegar a Compludo, inicio de nuestra ruta :


En esta ocasión, queremos que conozcáis un cachito del Valle de la Abadía de Compludo, que cada vez atrae a más viajeros. En concreto os mostraremos una antigua fragua, conocida como la Herrería de Compludo.

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El acceso a la propia Herrería de Compludo es ligeramente complicado, ya que son carreteras de montaña. 

Lo normal será llegar por la carretera LE-142 que es parte del itinerario del Camino de Santiago Francés, que pasa por Lanjarín, el Acebo de San Miguel, Molinaseca y termina en Ponferrada. 

En Acebo de San Miguel deberéis desviaros, una población conocida por estar en el Camino de Santiago Francés.

Compludo

Panorámica de Compludo dentro del Valle de la Abadía

En esta población, fue donde San Fructuoso decidió fundar el primer monasterio visigodo dedicado a San Justo y San Pastor, allá en el siglo VII. Fue el principio de un movimiento espiritual de carácter eremítico, que dio paso a los monasterios que, hasta la fecha, eran desconocidos en la península ibérica. 

Las actuales calles de la población, algunas sin asfaltar aún, son un ejemplo de arquitectura popular de las montañas bercianas, con sus detalles. 

Destaca la pequeña iglesia del siglo XVI.

2. Herrería de Compludo

fragua de la Herrería de Compludo

una fragua medieval visitable 

Esta antigua fragua, no se encuentra propiamente en Compludo, aunque se llame la Herrería de Compludo. 

Y es que, para llegar allí, es necesario realizar una senda que respira paz para los sentidos. 

Tampoco excesivamente largo. 

Desde Compludo, son unos 3 Km. aunque con una importante subida; pero desde el parking de coches, son apenas kilómetro y medio.


Senda a la herrería de Compludo junto al río

Al llegar, de entre una vegetación bastante virgen, aparecen unos muros de piedra que son las instalaciones de la herrería. También el sonido del agua del río Meruelo, que alimenta a los mecanismos de la fragua.

El origen exacto de esta herrería de Compludo es de desconocido, por más teorías que surgen. 

Sin duda es medieval, y se cree, asociado a las fundaciones monásticas que repoblaron la zona durante la reconquista y el afianzamiento de la línea de frontera.

Turbina de agua de la herrería de Compludo

Estas instalaciones son Monumento Nacional ya que son antiguas y por su funcionamiento de Martillo Pilón y su Fragua, usando el “Efecto Venturi” o “Tromba Romana”, son únicos en España.

Este mecanismo está preparado para que el mazo, de hierro y madera, golpe rítmicamente el metal incandescente puesto en el yunque, produciendo un ruido característico que no ha cambiado desde hace generaciones de herreros, que se han transmitido el conocimiento de uso y la pericia para seguir usando esta herrería.

Vita Natura et Legenda

Bajo este nombre, se encuentra un proyecto cultural, cuyo objetivo es gestionar y mantener este atractivo histórico de la Herrería de Compludo, una instalación con un importante valor histórico, cultural y etnográfico; además de proteger el entorno natural inigualables debido a su aislamiento de las grandes masas de población.


Efecto Venturi en la Herreria Visigoda de Compludo



Este proyecto turístico, cuenta ya con el recientemente de Certificado de Excelencia de TripAdvisor.

Vita Natura et Legenda

Información de utilidad

Horarios

Del 1 de octubre al 1 de abril, de 11:00 a 13:00 horas y de 15:30 a 18:00 horas, de miércoles a domingo.

La instalación estará abierta solo bajo reserva previa.

Contactos

Para visitar la instalación, hay que ponerse en contacto con: 646 973 985 (Marta) / 661 250 756 (Juan Carlos) o mandar un correo electrónico a: vitanaturaetlegenda@gmail.com

 

 Pero no solo hay esto

Además de esta herrería de Compludo, este valle de El Bierzo posee otros atractivos que completan una escapada por la comarca. Otros pueblos llenos de encanto particularmente bien conservados, como ya te contamos sobre Valle del Silencio, el valle de ‘al lado’ a este Valle de la Abadía de Compludo.

3. para comer en la zona:

Taberna Espinoso de Compludo
Calle Cruces, 1D, 
24414 Espinoso de Compludo, León
646 97 39 85

Bodegón de Candi- Compludo
San Justo y Pastor, 
24414 Compludo, León
699 25 70 45

4. Reserva Ornitológica de Palacios de Compludo 

se funda en 1999 mediante un convenio de colaboración entre el Ayuntamiento de Ponferrada, la Asociación de vecinos “El Nogal”, SEO/BirdLife, y la Asociación TYTO ALBA, con el fin de proteger y difundir los valores ambientales de este entorno. 

La Reserva presenta una superficie de 969 Ha y se sitúa en un escarpado valle de montaña, cuya cima más importante es el pico Becerril (1.865 m) perteneciente a los denominados Montes de León, y discurren por él, el río Compludo y sus afluentes, los arroyos del Tegeo y la Iruela, éste último de gran atractivo por formar gualtones (cascadas). 

Reserva Ornitológica de Palacios de Compludo 

Palacios de Compludo se dehabitó definitivamente en 1986, de manera que quedó a merced de los incendios forestales, la caza furtiva y los saqueadores. 

Actualmente el pueblo presenta población asentada y se halla prácticamente rehabilitado, manteniendo la arquitectura tradicional: tejados de pizarra rústica, muros de piedra y corredores (balconadas) de madera de castaño, y es considerado como el núcleo rural mejor rehabilitado de la comarca de El Bierzo.

 En cuanto al paisaje, existe una comunidad forestal importante, con bosques maduros de robledal, otros en recuperación, un impresionante bosque de ribera y laderas de encinar y abedular en expansión. 

Esta diversidad en formaciones vegetales permiten el amparo de un elevado número de especies faunísticas, en un espacio en el que cada año, con las actuaciones realizadas se mejora la capacidad de acogida del medio y se aumenta la riqueza biológica, favorecida por la presencia de hábitats que se ensamblan en mosaico. 

En ella se ha registrado la presencia de más de 80 especies de mariposas diurnas, 4 especies de anfibios, 11 de reptiles, 93 especies de aves, y 25 de mamíferos.

Desde la creación de la Reserva, la gestión del espacio la realiza la Asociación TYTO ALBA, asesorada por buena parte de profesionales y personal de diferentes universidades, en especial de la Universidad de León. 

Palacios de Compludo 

Desde entonces, el entorno ha sido objeto de numerosas y diversas intervenciones, gracias al esfuerzo realizado por voluntarios y a la colaboración de entidades públicas y privadas que han apostado por este ambicioso proyecto. 

Reforestación selectiva con frondosas (acebos, tejos, serbales, etc), desbroces, recuperación de antiguas sendas, construcción de puentes, siembra de cereales, estudios de campo, actividades de desarrollo rural, programas de formación, voluntariado y educación ambiental y un largo etcétera de actividades se han llevado a cabo en ella. 

En su entorno encontramos bellos lugares, con castaños centenarios.

Los más hermosos y antiguos hay que ir andando, pero por la carretera que lleva al Casón de Carracedo podemos admirar una de las mejores vistas de los Montes Aquilanos.

Esta comarca cuya máximo interés turístico es Peñalba de Santiago forma parte de la Tebaida Berciana.

La ruta que hicimos y que pasaba también por Montes de Valdueza, seguro que el paisaje, salpicado por el color grisaceo de la pizarra, no os decepcionará.

5. El Valle del Silencio

Valle del Silencio, León

En un rincón de la comarca leonesa del Bierzo hay una zona donde el tiempo se ha detenido, y haciendo honor a su nombre, te transporta a un mundo de paz y tranquilidad. 

Es la naturaleza, la encargada de poner la vida en este paraíso natural sobre el valle del río Oza, campando a sus anchas entre la densa vegetación compuesta por pinos, encinas, robles, nogales y castaños, y con cumbres de más de 2.000 metros actuando como vigilantes del valle.

El cantar de los pájaros y el curso del agua de los ríos y riachuelos, fueron los únicos ruidos que escuché durante la ruta por el Valle del Silencio, la Tebaina Berciana, al pie de los Montes Aquilianos.


6. Algo de Historia sobre el Valle del Silencio


A la izquierda, el templo mozárabe de Santiago de Peñalba y al fondo, tras un mar de bruma, el Valle del Silencio

En el siglo IV, Pablo de Tebas buscaba retiro espiritual en el desierto de La Tebaida, en Egipto. Siguiendo su ejemplo por todo el orbe cristiano, sus discípulos buscarían lugares remotos e inhóspitos donde liberar el espíritu y entregarlo a la divinidad, convirtiéndose en los primeros eremitas (que en griego significaba «hombres del desierto»). Y El Bierzo leonés, al igual que otras zonas del noroeste (como la Ribeira Sacra en Galicia) sería hogar de muchos de ellos.

Es un nombre sugerente y misterioso el de este lugar, y no puede ser más adecuado. Situado a los pies de los montes Aquiana y Teleno -sagrados desde los celtas-, el valle se esconde en una de las zonas más recónditas de la región leonesa del Bierzo, donde una naturaleza desbordante y un misticismo ancestral se dan la mano. La historia del Valle del Silencio rebosa leyenda y algunos enigmas aún por resolver.

La situación del monasterio, en medio de asperísimas sierras que ciñen el Bierzo por el lado del mediodía, revela bien el terrible ascetismo de sus fundadores, pues está montado sobre un precipicio que da al río Oza, y por todas partes le cercan montes altísimos, riscos inaccesibles y oscuros bosques.
Sobre el monasterio de San Pedro de Montes en ‘El Señor de Bembibre’, por Enrique Gil y Carrasco.

La palabra árabe Barakah designa una cualidad espiritual, una suerte de presencia y revelación sagrada que puede encontrarse en algunos lugares, objetos físicos o incluso en personas escogidas por la divinidad. S

egún algunas corrientes espitiruales como el sufismo, cuando un santo (o murābiṭ) muere, su barakah inunda el lugar donde fallece, convirtiéndolo en un lugar sagrado.

Tendiendo esto en cuenta, se puede decir que el Valle del Silencio tiene mucho de esa barakah. 

Se trata de un lugar sagrado, refugio de eremitas y santos milagrosos, con cuevas en riscos inaccesibles, antiquísimos monasterios olvidados, un templo mozárabe (ya de por sí especial) con unos misteriosos petroglifos, y una arquitectura única. 

Pero sobre todo leyenda, historia y belleza, son excusas de sobra para pasar un fin de semana (incluso uno de los largos) por estos valles, donde disfrutar de la naturaleza y, como no, del silencio que le da nombre.

La ‘Tebaida’ berciana

A veces el eremita practicaba la ascesis, una práctica de formas muy diversas que en algunos casos llegaba a escandalizar a la propia iglesia por la dureza de sus métodos, de los cuales la abstención de ingerir alimentos o privación del sueño por largos periodos podían ser los más livianos. 

Se daban votos de castidad y de silencio en algunos casos, pero menos conocido era el voto de tinieblas, en el que el eremita se condenaba a sí mismo, voluntariamente, a un emparedamiento en vida. En palabras de Mircea Eliade, se trataba de «macerar la carne, disolver los estados de conciencia alimentados por el bienestar corporal…» para despertar en una conciencia superior. 

Este despertar, inquietaba a la Iglesia oficial, que no siempre aprobaba las prácticas ascéticas. En algunos casos, la vida del ermitaño era tan dura que necesitaban la ayuda de discípulos.

Los anacoretas gozaban de gran prestigio y autoridad, pero no siempre se sometían a las normas de una Iglesia asediada por no pocas herejías. 

Aunque algunos escapaban de su control, eremitas como Fructuoso o Genadio serían los encargados de organizar la vida en el valle mediante una ‘regla comunis’ o código de grupo que derivaría en los primeros monasterios.

En los montes de León, el fenómeno eremítico es uno de los enigmas religiosos más inexplicables de la historia y cultura medievales. 

A partir del siglo VII y hasta la invasión musulmana, los ermitaños fueron llegando a estos lugares de modo masivo, poseídos por una fiebre mística colectiva, sólo comparable con la que sufrió la Tebaida egipcia dos siglos antes. El asunto llegó a preocupar a reyes como Ramiro II de León. 

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¿Qué era lo que tanto les atraía, que llegaban a cientos? 

El caso de esta zona es muy significativo: algunos historiadores hablan de hasta 37 monasterios sólo en el Bierzo, y eso sin contar con las innnumerables cuevas, ermitas o refugios improvisados que inundarían toda la zona y cuyos restos son aún visibles. A esto se debía el nombre de Tebaida Berciana.

Uno de los primeros eremitas en llegar a la zona fue San Fructuoso (S. VII), noble de origen visigodo que llegó en busca del contacto con Dios pero que, al igual que muchos otros, no se dedicaría únicamente a orar y a meditar: fue un monje constructor al que algunos investigadores atribuyen conocimientos herméticos y que erigió, entre otros, el Monasterio de San Pedro de Montes, que veremos más abajo. Pero su fama y trascendencia serían superadas por su sucesor, San Genadio.

7. Peñalba de Santiago

Peñalba de Santiago, León

Peñalba de Santiago es una de las joyas del Valle del Silencio.

El nombre del Peñalba deriva de Peña Alba, haciendo referencia a los peñascos cubiertos de nieve muchos meses del año, que le daba esa tonalidad blanquecina.

El pueblo de Peñalba de Santiago ha sido declarado Conjunto Histórico Artístico Nacional

 Nada más llegar, una fuente con agua fresca me recibió. Llené la cantimplora y fui en busca de su iglesia, una auténtico tesoro de arte mozárabe en la península Ibérica. Se notaba que el pueblo era más turístico y sus casas reformadas, muchas de ellas convertidas en casas rurales.

El cielo gris cumplió su amenaza y empezó a llover con fuerza, y aún me encontraba a la mitad del recorrido. Rápidamente fui en busca del sendero para proseguir la ruta. 

Peñalba de Santiago, León

Vi un cartel que indicaba Montes y como era por un lugar diferente de donde había venido, no me lo pensé y retomé el camino. De nuevo iba por un bosque denso de robles picando el camino hacía arriba y cuando me quise dar cuenta ¡estaba de nuevo en lo alto del Collado Chao!

No quedaba otra que aguantar el chaparrón, esperar que la lluvia amainara, e iniciar el descenso hasta Montes para continuar posteriormente hasta Valdefrancos, donde se encontraba el coche. La vuelta se hizo larga, no voy a decir lo contrario, y para colmo, había que volver a recorrer el tramo de la ruta donde me encontré con el oso. Gracias a Dios, no estaba.

Los coches están prohibidos en el pueblo, lo cual creemos que es una medida muy acertada, a parte que en la parte más vieja, resultarían inútiles.

Muchas casas han sido reconstruidas y reconvertidas en casas rurales. Varios locales tienen ya el cartel de restaurante y bar. Si siguen siendo fieles al estilo original, el turismo puede ser el catalizador que devuelva la vida a estos pueblos que de otra forma hubieran desaparecido.

En este pueblo, además de preciosas casas de piedra y pizarra, se encuentra una joya completamente desconocida fuera de El Bierzo. Se trata de una iglesia califal. Esta iglesia posee unos maravillosos arcos de herradura que no son tradicionales de tierras españolas y que nos hablan del periodo de ocupación musulmán.

Testimonio vivo de una arquitectura a punto de desaparecer, Peñalba se sitúa justo al frente de la impresionante hendidura de roca viva que marca el comienzo del Valle del Silencio. 

Aunque se encuentra a tan sólo a 20 km de Ponferrada, el pueblo no parece pertenecer a nuestro tiempo, y su historia nos lleva de nuevo a aquellos antiguos eremitas que poblaron la zona.

Dos siglos después de las fundaciones de san Fructuoso, una vez frenado el avance de la conquista musulmana y bajo la frágil protección de los primeros reinos cristianos, el Valle del Silencio conocería una nueva etapa de esplendor gracias a la figura de San Genadio y sus sucesores. 

Nombrado obispo de Astorga (aunque ante todo era un eremita de tintes druídicos), llegaría al Bierzo en el siglo X con la misión de revitalizar y repoblar la comarca, en decadencia tras la ocupación árabe. 

Doble arco de herradura en la entrada de Santiago de Peñalba

Se cuentan muchas leyendas sobre él, como la del unicornio que se encontró en el bosque y del que se dice que siempre le acompañaba (su cuerno sería una reliquia sagrada para los lugareños de Montes de Valdueza), o la que explica el nombre del propio valle: en una ocasión, estando en la cueva donde se solía retirar, el murmullo de un arroyo cercano le perturbaba en su meditación, así que con su oración o tál vez sus ‘poderes mágicos’, logró cambiar el curso de las aguas para que no le molestasen más. 

Ese arroyo que desciende por el valle se conoce actualmente como Arroyo del Silencio.

8. La Iglesia de Santiago

Una Joya del arte mozárabe del Bierzo

Iglesia de Santiago : Peñalba de Santiago 
Estilo arquitectónico: Mozárabe Siglo X
Declarado Bien de Interés Cultural en 1931
En la comarca del Bierzo, en la cabecera del Valle del rio Oza.

En las cercanías se encuentra el Valle del Silencio, y el río Silencio, con la Cueva de San Genadio donde se retiraba el Santo para hacer penitencia.

La iglesia de Santiago es el único vestigio que queda de un antiguo monasterio fundado por San Genadio y construido entre el 909 y el 916 (siglo X) por el propio santo, al que se retiró cuando renunció al obispado de Astorga. La iglesia fue construida por su sucesor, el Abad Salomón en el año 937, para guardar los restos de San Genadio.

La iglesia fue consagrada en el 1105 y en ella se encontraba el sepulcro de San Genadio. Fue enterrado en el contra-ábside occidental de la iglesia, pero en el siglo XVI la duquesa de Alba hizo llevar sus restos a Villafranca y más tarde a Valladolid.

En el siglo XIII llegó el ocaso del monasterio, pasando sus bienes al Obispado de Astorga. Uno de los motivos de que solo haya quedado la iglesia en pie, es que desde siempre ha sido iglesia parroquial de la población, lo que ha contribuido a su conservación. En 1985 se encotraron en su lado norte, los cimientos de lo que fue el antiguo monasterio.

La iglesia de Peñalba apenas sobresale del resto de las techumbres del pueblo y comparte con él los materiales de albañileria: pizarra mezclada con piedra cáliza y lajas sin desbastar de grandes placas de esquito en las cubiertas.

Presenta planta de cruz latina, compuesta por una nave única rectangular con ábsides contrapuestos y dos capillas laterales o sacristias, que formulan un falso crucero. La nave está dividida en dos tramos separados mediante un gran arco de herradura sobre columnas con capiteles corintios. Ambos cuerpos en alzado presentan distintas alturas. 

Tiene contrafuertes al exterior, del tipo asturiano, con una gran laja superior inclinada y sobresaliente, para evacuar el agua sin provocar goteras. Cumplen la función de contrapesar las capillas laterales y el cuerpo central. Tiene la iglesia en total, unas medidas de 18 metros de longitud por 5 metros de anchura. El suelo de la iglesia es de losa de pizarra original.

La nave se remata en la cabecera con un ábside de planta de herradura muy pronunciada y a los pies con un contraábside semicircular peraltado, en su interior, siendo rectos al exterior en ambos casos.

La separación entre los dos cuerpos de la nave y entre ésta y las capillas de los ábsides, se realiza a traves de arcos de herradura sobre columnas de basas áticas y capiteles con decoración de hojas de acanto.

El arco triunfal que da acceso al ábside del altar mayor, va trasdosado con moldura y alfiz, mientras que el del lado de los pies u occidental carece de éste. La comunicación con las sacristias laterales se realizan mediante arcos de herradura que se apoyan en ménsulas.

Las capillas de los ábsides se cubren con bóvedas gallonadas de siete cascos. El segundo tramo de la nave central (que es la más baja) junto con las sacristias laterales, se cubre con bóveda de medio cañón sobre imposta plana. El primer tramo que hace de falso cimborrio se cubre con bóveda gallonada de ocho cascos de tipo bizantino que apoya directamente, sin mediar trompas ni pechinas, sobre cuatro arcos de medio punto ligeramente resaltados.

Tres elementos decorativos: fragmentos de celosia de la ventana axial, y en el contra-ábside del oeste; el gran arco central conserva sobre el estuco una parte de su geometrico azul y ocre; y en el exterior esbeltos modillones que sustentan la cornisa y desarrollan bajo la nacela (moldura) inferior siete roleos con sus flancos tallados de rosetas y evásticas.

Gran interés tiene la portada meridional, encuadrada en un gran arco de descarga de herradura. La puerta consta de dos arcos geminados de herradura sobre tres columnas de mármol de basas áticas y capiteles de hojas de acanto. Los arcos se trasdosan por una triple moldura que se trasdosa en un alfiz. Tiene una clara influencia musulmana. Existe tambien una portada en su lado norte con un sencillo arco de herradura. 

La iglesia se muestra como un conjunto armónico de diferentes volumenes que enriquecen la aparente sencillez del edificio. En la misma destaca el tejado de amplios aleros.

Se han encontrado vestigios del monasterio y restos de pinturas murales, en su interior, datados problablemente a las fases originales de la iglesia.

Estas pinturas una vez retiradas las capas de cal que las cubrian, han permitido datarlas en la época califal (siglo X). El zócalo de almagra -pintura roja hecha a base de óxido de hierro de tipo arcilloso- destapado bajo siete capas de cal, es igual que el de Medina Azahara en Cordoba. 

Algo más que una casualidad, si se tiene en cuenta que ambos edificios coincierón en su fundación en el siglo X. El palacio califal se empezó a levantar en el año 936, cuando ya se llevaba cinco años trabajando en la iglesia mozárabe (fundada entre los años 931 y 937).

De las pinturas murales descubiertas bajo la capa de cal destaca una importante superficie -la bóveda de la nave central del templo- de estilo califal, que finge ladrillos y dóvelas y es muy rara en esta zona de la peninsula.

La pintura cubría originalmente todo el edificio, aunque ahora se conserva especialmente en los arcos de la cúpula gallonada de la nave central y en los dos ábsides de la iglesia. Además del ladrillo fingido se atribuyen a la época fundacional otras pinturas con motivos vegetales y geométricos.

En el exterior del edificio, en el paramento norte de la nave se puede leer una inscripción funeraria latina, en versos leoninos de un abad francés muerto en Peñalba en el 1170 de la era hispanica "Esteban, ilustre (abad) que engendró para nosotros la raza franca.

En la parte norte hay un lucillo, del siglo XII, y en una de las jambas de la puerta una interesante inscripción. En el interior imágenes de San Genadio, Santiago, San Andrés y San Miguel del siglo XVI.

En su torre tenemos un reloj de sol y adosado a su muro norte se encuentra el sepulcro de San Fortis, que fué abad de este monasterio.

La espadaña separada de la iglesia es del siglo XVI, estaba unida a la iglesia por una escalera de piedra y maderamen de campanario, retirado todo durante la restauración de 1968.

Asi mismo en el Museo de León se encuentra la pieza más antigua y bella que se ha conservado de su tesoro: la gran cruz de latón que el rey Ramiro II ofreció en el año 940 al monasterio de Peñalba.

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Cierto o no (aunque toda leyenda suele esconder alguna verdad que puede interpretarse de manera no literal), lo que sí sabemos es que san Genadio restauró el monasterio de Montes y fundó un monasterio en Peñalba dedicado a la memoria de Santiago apóstol. Sólo se conserva la iglesia, pero es testimonio más que suficiente para hacernos una idea de la riqueza cultural y la variedad de influencias místicas que llegaron a cristalizar en la zona.

Los cristianos que conservaron su religión tras la conquista musulmana fueron llamados mozárabes (significa «los que adoptan las costumbres de los árabes»). 

Al principio gozaron de cierta permisividad y pudieron mantener sus cultos, pero la época de tolerancia pasaría pronto, y muchos de ellos huyeron hacia el norte, buscando protección en el territorio reconquistado. Sólo hay que acercarse a la iglesia de Santiago para sospechar que, al menos uno de aquellos maestros mozárabes pudo trabajar y dejar su huella aquí.

Aunque por fuera nada llama nuestra atención, los arcos califales de la entrada confieren al templo un aspecto único y muy especial. A la vez que se construía esta iglesia (937), a ochocientos kilómetros de distancia el primer califa de al-Andalus Abderramán III levantaba su ‘ciudad brillante’: Medina Azahara. 

Desde allí, maestros mozárabes llevarían al norte la influencia del Califato Cordobés, que en el caso de Peñalba se mezclaría con rasgos autóctonos: herencia visigoda/bizantina (el arco de herradura y la cúpula central), romana (planta basilical), e incluso elementos celtas/astures (símbolos solares, y astrales en el exterior).

En el interior las peculiaridades continúan. Aunque la planta es de cruz latina, tiene dos ábsides contrapuestos, cosa bastante poco habitual. 

El segundo, orientado al sol poniente, y siguiendo una antigua tradición de la arquitectura sagrada, tenía una función funeraria y era por tanto un espacio dedicado a los muertos (enterramientos como el de san Genadio, entre otros). Estos dos ábsides por tanto nos refieren a un ciclo de muerte y resurrección. 

Además, muchas de las iglesias mozárabes se levantaban físicamente sobre un eremitorio o cuevas anteriores. Es el caso de San Pedro de Rocas (en la Ribeira Sacra), o San Baudelio de Berlanga en Soria. Algunos investigadores proponen una ‘traslación arquitectónica’, que pudo conferir a estos templos ese aspecto ‘cueviforme’, oscuro y de espacios reducidos.

Aunque es evidente que Santiago de Peñalba es en sí mismo un tesoro, ya no alberga tesoros o joyas, aunque hubo un tiempo en que sí las poseyó. La más famosa fue la cruz de Peñalba que regaló al monasterio el rey Ramiro II en el 940, y que se convertiría en el símbolo de El Bierzo. 

Elaborada al estilo de las cruces asturianas, actualmente se encuentra expuesta en el museo de León. Los símbolos de los brazos de la cruz son las letras Alfa y Omega (en referencia a los conceptos de principio y fin).


Arcos mozárabes de herradura en el interior del templo, espirales ‘solares’ y simbolos astrales en el alero exterior.

Este templo que Manuel Gómez Moreno descibiría como «uno de los ejemplos más preciosos que la arquitectura medieval remota conserva, testimonio de la fuerza extraordinaria y personalismo de nuestro arte medieval«, aún hoy suscita no pocas preguntas, como por ejemplo, ¿qué significado tienen las formas que rematan los modillones del alero? estrellas o espirales parecen querer remitirnos auna simbología solar que para algunos investigadores subyace en la propia función del edificio.

El ‘enigma solar’ de Santiago de Peñalba

Ignorados por la historiografía ‘oficial’, estos petroglifos de aspecto neolítico, situados en el exterior del templo de Santiago de Peñalba siguen planteando interrogantes de difícil respuesta, ¿Es esta una antigua piedra simplemente reutilizada, o fue colocada con una función específica cuyo significado aún se comprendía en el siglo X?

Ya sea por influencia cultural, o simplemente para facilitar la conversión, las religiones emergentes suelen asimilar elementos de cultos anteriores, y el cristianismo no fue una excepción. 

Para investigadores como David Gustavo López, la iglesia de Peñalba preserva un emplazamiento ritual relacionado con el culto al sol, en su propias palabras construido “con precisión milimétrica, en el lugar donde se halla. Su promotor Salomón, discípulo de San Genadio, sin duda quiso preservar y envolver con un templo cristiano un lugar de culto al Sol, proveniente de una religión heliolátrica que él mismo profesaba”.

Su investigación comienza con la extraña piedra que se ubica sobre un ventana en el muro sur, la llamada ‘piedra de la cacería’. Se trata de un petroglifo con varios signos inscritos: dos antropomorfos en una escena que parece de caza, motivos vegetales, cruces y, de nuevo, un círculo solar con una cruz griega inscrita. Pero esta piedra no es el único petroglifo del templo. Dentro en el suelo de la nave central hay otro más, con la forma de varios círculos concéntricos. 

Y ahora viene lo interesante: ocurre que el sol,el día del solsticio de invierno (alrededor del 25 de diciembre), incide a las doce horas sobre esta ‘piedra de la cacería’, y sus rayos atraviesan la ventana para alcanzar exactamente el petroglifo del interior, funcionando como un auténtico reloj solar que señala con total precisión el solsticio de invierno. 

Muchas de estas características las encontramos también en San Miguel de Celanova, en Orense, otro templo igualmente singular con un outeiro o piedra solar en el exterior.

A San Pedro de montes por el sendero de la ‘Tebaida Berciana’

Monasterio de San Pedro de Montes, en Montes de Valdueza

El Valle del Silencio es una zona privilegiada para la práctica del senderismo, con muchas rutas singulares entre las que destaca el sendero circular de la Tebaida Berciana hacia Montes de Valdueza, que nos lleva como primera parada desde Peñalba a la cueva de san genadio, a tan sólo 5 kilómetros de distancia. Éste es el lugar donde el mítico san Genadio pasó tanto tiempo y donde realizaría no pocos ‘milagros’. 

La cueva, parte de un conjunto de ‘cuevas del silencio’ fue acondicionada en el siglo XIX y aún hoy sigue siendo un frecuentado lugar de peregrinación. El interior es una capilla rupestre con una humilde estatua de madera en honor al santo, donde los peregrinos depositan sus peticiones, o agradecimientos, u otro tipo de exvotos. 

9. Cueva de San Genadio 

un ermitaño visigodo que mantuvo su fe cristiana en medio de tierras musulmanas. 

En el siglo X San Genadio fundó un oratorio dedicado a Santo Tomás (la zona es conocida por los lugareños como Santo Tomé) del que a día de hoy no queda resto alguno (hay constancia de que en el siglo XVII existían restos). 

En principio, en este lugar y no en Santiago de Peñalba, donde se encontraba un monasterio fundado alrededor de 910-916 por San Genadio, es donde su discípulo, San Fortís, pensaba construir la iglesia mozárabe pero terminó construyéndose en su ubicación actual por el abad Salomón, probablemente debido a la muerte de San Fortís en 930, y descansando los restos de San Genadio en su interior, a sus pies.

En una pared de la montaña, situada a la entrada del valle, en su lado oeste, se encuentran varias cuevas naturales. Una de ellas es la conocida como Cueva de San Genadio en la cual el santo pasaba largas temporadas meditando. Puede visitarse siguiendo un camino que sale desde Santiago de Peñalba hacia el sur.

Actualmente es visitable haciendo este recorrido. 

 

10. De Peñalba a la cueva de San Genadio, una ruta por el corazón del Valle del Silencio


Cuenta la leyenda que el ruido de las aguas de un antiguo riachuelo molestaba al santo en su meditación hasta que un día pidió a gritos que hubiera silencio, un silencio que hoy da nombre al valle

El itinerario de la ruta circular propuesta une Peñalba de Santiago con la cueva de San Genadio, en un camino de ida y otro de vuelta. 

En total, son poco más de cuatro kilómetros que tardan en recorrerse cerca de 2:30h. 

El punto de partida es la iglesia de Peñalba, uno de los lugares más pintorescos e identificativos de El Bierzo. 

Toda la localidad conserva una cuidada arquitectura en la que destaca la iglesia mozárabe de Santiago de Peñalba, del siglo X, cuyos característicos arcos de herradura saludan al visitante.

Los valles de Figuera y del Silencio nos acompañarán durante esta ruta en la que el camino serpentea entre robledales. 

Los letreros van indicando al caminante la localización de la cueva de San Genadio, situada en el corazón de los montes Aquilianos.

 San Genadio fue un santo nacido en El Bierzo que fue obispo de la Diócesis de Astorga entre el los años 909 y 919. En sus numerosos retiros espirituales, uno de sus rincones preferidos era esta pequeña cueva.






Cuenta la leyenda que cerca de la cueva pasaba un caudaloso río, cuya agua bajaba con tanta fuerza que generaba tal estruendo que no dejaba meditar en paz al santo, por lo que cansado de la situación, un día exclamó “¡Silencio!”, tras lo cual el curso del río desapareció frente a la cueva, para a través de aguas subterráneas, emerger más adelante montaña abajo. 

Es de hecho por esto por lo que se le conoce al valle como Valle del Silencio.



La cueva está situada al borde de un barranco que mira hacia el Valle del Silencio, y es el refugio que San Genadio utilizó para sus largos días de meditación en estas montañas. 

Es muy pequeña y guarda en la actualidad un pequeño altar con una imagen de madera del santo, algunas flores ornamentales y un libro de visitas donde pedirle ruegos y milagros al santo. 

Cada ranura de las paredes de la cueva está “plagada” de pequeños papeles en los que la gente ha ido dejando sus deseos y rezos dirigidos al santo.





En la ruta que vuelve a Peñalba, otro riachuelo marca el punto en donde un pequeño desvío permite llegar hasta un molino cercano. La entrada al pueblo se hace por la parte alta, dejando atrás el cementerio, donde una réplica de la Cruz de Peñalba saluda al visitante.





Se dice que el nombre del valle proviene de la siguiente leyenda:

Cierto día San Genadio estaba meditando en su cueva, pero el murmullo del río no le permitía concentrase, así que, golpeando con su cayado, dijo: "cállate" y el río dejó de hacer ruido. De esta leyenda existen varias versiones.


Los lugareños y muchos visitantes acostumbraban a depositar saquitos llenos de tierra, sacada de su tumba y después se lo daban a personas aquejadas de enfermedades de la piel para que lo llevaran colgando al cuello ya que pensaban que actuaba de remedio contra tales enfermedades. Es probable que la tierra sacada fuera renovada con la proveniente de una estancia anexa y más profunda de la cueva.


Peñalba de Santiago es Bien de Interés Cultural desde 2008 con categoría de Conjunto Etnológico.

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Desde este pueblo no se puede seguir hacia ningún otro, por lo que volviendo sobre nuestros pasos decidimos descubrir el cuarto pueblo del valle.

y desde aquí ya sólo quedan 5 km hasta Montes de Valdueza 

y el sendero es exigente, pero nos premia con algunas de las mejores vistas de la zona.

Claustro de San Pedro de Montes

Sorprende encontrar en estos lugares a peregrinos y viajeros de los lugares más insospechados.

Montes de Valdueza es actualmente una pequeña población que guarda aún rasgos medievales en estado puro, el un paisaje que lo reodea y su una arquitectura popular lo convierten en uno de los pueblos más bellos de la provincia. 

Bajo un clima a menudo áspero y lluvioso, Montes seurgió de la agrupación de los habitantes alrededor del 

11. Monasterio de San Pedro, Montes de Valdueza

Este monasterio fue una de las fundaciones de san Fructuoso en el siglo VII y sería recuperado en la restauración de san Genadio y sus doce compañeros más en el X. 

De entre el abandono y la ruina que invaden sus muros, destaca la torre de la iglesia, que es la parte más antigua y embemática. Nuevas aldeas surgirían alrededor de la protección del monasterio que se acogería a orden benedictina, y comenzaría su declive a finales de la edad media para acabar convertido en un almacén de maderas tras la Desamortización, que para colmo se incendiaría en 1842.

En el interior del monasterio se guarda aún la llamada Virgen de la Guiana (topónimo procedente del monte Aquilana). 

Antiguamente los lugareños llevaban a la estatua en procesión hacia otra ermita (en ruinas) en lo alto del monte Aquiana, donde quedaba guardada cierta parte del año, pero antes paraban en el Campo de las Danzas -cuyo nombre nos remite a danzas o rituales de época precristiana– donde esperaban a los vecinos del cercano Ferradillo para subir juntos en procesión a la cima.

El Monasterio de San Pedro de Montes tuvo un gran pasado. Este pueblo era atravesado por el camino de Santiago, y a sus pies floreció desde el siglo VIII una comunidad monacal que atendía a los peregrinos.

Evidentemente, esto trajo consigo una prosperidad económica que permitió construir el actual monasterio y hospital. La desamortización de Mendizabal no hizo más que traer la ruina a esta edificación como algunas otras joyas arquitectónicas. 

De esta preciosa construcción deshabitada y ruinosa solo se conserva en perfecto estado los muros exteriores, los arcos de la iglesia y hospital, y una fachada construida en el estilo neoclásico del siglo XVIII. Este monasterio abandonado haría las delicias de los más románticos, con sus muros de piedra desafiantes al paso del tiempo.

Según parece, así nos informaron más tarde, el monasterio esta sufriendo una restauración mediante limosnas. 

Lamentablemente, para visitarlo, hay que encontrar a la persona a la que se le ha pedido hacer de guía, cosa que nosotros no sabíamos en aquel momento.

Monasterio de San Pedro de Montes, Montes de Valdueza

Este pueblo es mayor que Peñalba de Santiago, aunque sus viviendas se conservan en un estado más rústico. Si es posible tomar algún refrigerio en sus ‘cantinas’, forma coloquial de decir ‘bar’ en esta parte de la provincia de León.

Fundado hacia el año 635 por San Fructuoso, fue junto con el Monasterio de Santa María de Carracedo el más poderoso de los monasterios bercianos en cuanto a dominios. Con la llegada de los árabes fue abandonado y posteriormente reconstruido por San Genadio, en el año 895. El 24 de octubre del año 919 se consagra a San Pedro la Iglesia del Monasterio reedificado. 

De esta época nada se conserva salvo, tal vez, un capitel o imposta usado actualmente como pila de agua bendita en la Iglesia del Monasterio y parte de los restos que se conservaban en el frontispicio de la Ermita de la Santa Cruz. 

La desamortización de Mendizabal en 1835 supuso la exclaustración, haciéndose con gran parte de las propiedades y rentas del Monasterio la familia Valdés, encabezada por Antonio Agapito Valdés Barrio, político, prestamista y rentista. La desamortización, un incendio a mediados del XIX y el paso del tiempo, han hecho que sólo podamos contemplar ruinas.

Lo que queda del monasterio es la iglesia, auténtica joya del arte mozárabe con fachada del siglo XVIII. Hacia finales del siglo XVI se completa la cerca monástica y después se fue ampliando y enriqueciendo hasta la exclaustración. 

Al costado meridional de la iglesia se encuentran los restos del monasterio, cuyo cuerpo forma un rectángulo de 60 por 44 metros.

 Se conserva parte del llamado “Claustro de los arcos”, pequeño, con cuatro arcos de medio punto por frente sobre columnas prismáticas cuadrangulares; así como un segundo claustro o patio al Este, algo mayor y de galerías cerradas, rodeado de edificaciones con sótanos abovedados y varios pisos. 

En el extremo oriental del muro Norte se apoya un arco que sirvió de acueducto para el monasterio.

12. para comer en la zona:

Aromas del Oza
Calle Real Se 14, 
24415 Penalba de Santiago España
+34 987 56 33 88

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