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viernes, 25 de octubre de 2019

Escapada al Parque Nacional de Ordesa y el Monte Perdido, Huesca

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La orografía del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido está dominada por el macizo de las Tres Sorores, Treserols, el macizo calcáreo más alto de Europa.

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Su mayor elevación es el Monte Perdido, del que en forma más o menos radial descienden una serie de impresionantes crestas montañosas y valles glaciares.

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El más característico y emblemático es el valle de Ordesa, recorrido por el río Arazas, origen del Parque Nacional, que se abre en dirección este-oeste.

Pero también destacan el Cañón de Añisclo, surcado por el río Bellós, en dirección Norte-Sur, las Gargantas de Escuaín, por donde pasa el río Yaga, en dirección Sureste y el valle de Pineta, recorrido por el Cinca, en dirección Este. 

Así mismo, aunque no pertenece al Parque Nacional, cabe destacar el valle de Bujaruelo en la zona oeste, y ya en territorio francés el Valle y Circo de Gavarnie, otro impresionante circo glaciar que en su cabecera tiene la cascada más alta de Europa, con más de 400 metros de caída vertical.

Indice:

  1. Como llegar
  2. Morfología
  3. Un poco de Historia
  4. Flora
  5. Fauna
  6. De Torla a Aínsa: Ruta por los pueblos más bonitos de Ordesa, y donde comer
  7. Tierra de leyendas: la Brecha de Roland y Silbán el Gigante
  8. Camino al Circo de Soaso
  9. Cañón de Añisclo
  10. Ruta de las Cascadas
1. Como llegar

En Coche

        

Ferrocarril

 Estaciones férreas mas cercanas: Monzón y Sabiñanigo
 Web Renfe consulta trayectos hasta esas estaciones.
 Información de estaciones 902 432 343
 Renfe 902 320 320
 Información, reserva, venta, cambio y anulación de billetes 902 240 505

Autobús

 Estaciones autobuses más cercanas Huesca, Barbastro y Sabiñánigo con empalme hasta localidades cercanas a Ordesa y la localidad de Ainsa

 Web Avanzabus consulta trayectos hasta las citadas estaciones. Desde las dos últimas estaciones citadas existen servicios de lineas regulares hasta las localidades cercanas al valle de Ordesa y las de Aínsa y Bielsa, si bien ésta lineas en ocasiones no están disponibles en la web, por lo que recomendamos llame por teléfono directamente.
 Información de atención Avanzabus 912722832
 Estación Barbastro: 974311293
 Estación Huesca: 974210700
 Estación Zaragoza: 974700599

La morfología básica del Parque se debe a dos orogenias, pero principalmente al plegamiento y elevación alpina de la era Terciaria, posteriormente moldeada por la erosión glaciar durante la era Cuaternaria, dando lugar a una serie de circos y valles glaciares muy definidos, como el valle de Ordesa y el valle de Pineta.

Hoy en día sigue existiendo un glaciar en la cara Norte del Monte Perdido, aunque en retroceso.

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Cañones en el Parque Nacional de Ordesa

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La mayor parte de la roca del Parque Nacional es caliza, lo que superpone a la más evidente y antigua erosión glaciar la transformación kárstica y fluvial del paisaje, con múltiples cuevas, cañones, simas, etc. Aquí hay que destacar el Cañón de Añisclo y las Gargantas de Escuaín, en los que aparecen circos glaciares en sus cabeceras, pero que posteriormente se encajonan en profundas gargantas.

Las zonas altas del parque (altitudes superiores a los 2000 m) son extremadamente áridas, ya que toda el agua procedente de precipitaciones es rápidamente recogida por el sistema kárstico.

En cambio, los fondos de los valles están cubiertos con una exuberante vegetación en la que dominan las hayas y los abetos que van dejando paso al pino negro según se aumenta la altitud.

Muchos personajes han quedado prendados de estos parajes y han contribuido a su difusión. Gentes como Lucien Briet, Lucas Mallada o Soler i Santaló han contribuido a dar a conocer este lugar y a que fuera protegido.

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Lucas Mallada, en su libro Descripción física y geográfica de la provincia de Huesca, publicado en 1878, describe así el valle de Ordesa:

Se recogen las aguas entre la Brecha de Rolando por un lado y Tobacor y La Catuarta por el otro, en un sinuoso torrente cercado en el verano por manchas de nieve y relleno totalmente por ésta en el invierno. 

Da origen al Ordesa, que desde su comienzo se encauza en arco de círculo, entre escarpas y tajos a pico, al entrar en tan formidable garganta y antes de llegar a la mitad de su curso se derrama en 5 cascadas en escalinata. 

Pasa de 300 m la altura de los escarpes, que a modo de cuchillos y murallones le sujetan por la izquierda, y todavía son más altos los tajos verticales de la orilla opuesta en Mondarruego, que se dibuja desde el Mediodía en fajas horizontales de diversos colores y es dominado por la Cárquera frente a la Brecha.

 Ocupan el valle de Ordesa espesos bosques de hayas, pinos y pinabetes sobre su fondo, que se aplana y ensancha hasta tener algunos centenares de metros, y llega a sitios donde justifica el apodo de Paraíso de los Pirineos con que algunos le designaron. 

Frente a Cotatuero, por muy habituado que uno se halle a contemplar grandezas de la naturaleza, no puede menos de quedar absorto de tanta belleza reunida en un solo punto. 

El río serpentea mansamente a través de las selvas frondosas, regando praderas cuajadas de florecillas; y por una canal ancha, entre Tobacor y Mondarruego, baja a su derecha la cascada de Cotatuero, terminación de un torrente que al pie de la Brecha y la Falsa Brecha, surca una extensa planicie, tal vez la tierra de pastos más elevada de los Pirineos.

3. Un poco de Historia

Uno de los factores más determinantes de la historia de los altos valles del Pirineo Aragonés ha sido su aislamiento pertinaz hasta épocas recientes. Una geografía accidentada ha servido para conservar estos parajes, la arquitectura popular y muchas tradiciones de gran raigambre.

La adecuación a un medio con un clima extremo y grandes desniveles han sido una constante en la evolución histórica del hombre montañés.

Algunos vestigios prehistóricos encontrados alrededor del macizo testifican la presencia humana desde el Paleolítico superior (40.000 – 10.000 a.de C.).

Durante la Reconquista, los gascones prestaron su ayuda a los cristianos de la vertiente sur. Este flujo humano y cultural, más allá de las fronteras físicas y administrativas, es la constante histórica más relevante de la comarca del Sobrarbe.

En estos lugares de vida y expresión, de esfuerzos, de luchas y de paz…, el hombre ha ido dejando su huella, trazando senderos y caminos, construyendo puentes, cabañas, mallatas, aprovechando los bosques y pastos.

Las gentes de los Pirineos sólo se sometían a sus propias normas, aquellas que permitían a cada uno recibir su parte de heno, de helechos y de leña, de hayucos y de bellotas, evitando enfrentamientos por los pastos o el agua. Las guerras en España o Francia eran asuntos secundarios, lo importante eran las luchas y concordias de un valle con otro, las rivalidades y acuerdos entre sus pobladores.

Para sobrevivir era necesario que se entendiesen los pastores de Torla y de Gavarnie, las gentes de Barèges y de Broto, era preciso bajar las ovejas hacia el piedemonte en invierno, y hacer que subiesen los rebaños a los puertos en verano. Estos pactos, que permitían pastar en paz, constituyeron durante siglos el entramado de la vida en estas montañas.

Diferentes circunstancias, entre las que se debe citar la labor divulgadora y conservacionista de Lucien Briet y Pedro Pidal, propiciaron el nacimiento de uno de los primeros parques nacionales del mundo, el del Valle de Ordesa, siendo declarado por Decreto el 16 de agosto de 1918.

Hacia finales del siglo XVIII, los importantes testimonios de los movimientos tectónicos suscitarían el interés de exploradores y científicos: el naturalista Reboul diserta en 1788 ante la Academia de Ciencias de Toulouse sobre la particular posición de las calizas de Gavarnie, mientras que los trabajos y publicaciones de Ramond de Carbonnières comienzan a atraer hacia el Monte Perdido a los viajeros de la época romántica, ávidos de naturaleza salvaje, convirtiéndose en los primeros "fundadores" del "pirineísmo".

Un paraje de enorme belleza, flora y fauna protegida, vistas envidiables sobre el contiguo Valle de Bujaruelo (también declarado Reserva de la Biosfera), espectaculares pueblos detenidos en el tiempo en los municipios de Torla, Broto, Fanlo, Tella-Sin, Puértolas y Bielsa; la robustez del macizo de Monte Perdido, el punto más alto (con sus imponentes 3.348 metros) de este espacio natural único… 

Con una media de más de 600.000 visitantes al año, más de 15.000 hectáreas de valles, cimas, cañones, cascadas y picos, 19 rutas que atraviesan el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, uno de nuestros imprescindibles en España, la comarca de Sobrarbe se empeña en dar la bienvenida al visitante con una arquitectura rica y una gastronomía aún más sabrosa.

¿Por dónde empezar entonces?

Si el paisaje y la arquitectura (Museo Etnológico, antiguo castillo con pinturas medievales de San Jorge matando al dragón, y las casonas de los siglos XIII-XVIII) te abren el apetito no olvides probar unas migas de pastor, cordero lechal y un buen vino del Somontano.


      

4. Flora

Los factores principales que condicionan el ambiente y desarrollo de la vegetación son: clima de montaña (efectos sobre humedad, temperatura, pluviometría, innivación, régimen de vientos), convergencia de influencias climáticas diversas (continental, mediterránea), altitud sobre el nivel del mar, variación geomorfológica (dirección de los valles, orientación, pendiente) y localización (solana/umbria, cumbre/ladera/escarpes), situación de la grandiente Norte/Sur, sustrato calizo y leve influencia humana.

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 La vegetación del Parque se encuentra, pues, profundamente condicionada por la geomorfología el clima. Los valles profundos, las diferencias altitudinales, la desigualdad de exposición de sus laderas, la orientación, la complejidad orográfica del conjunto, unida a la simple y variada cobertura del suelo, dan lugar a una multiplicidad de variaciones climáticas que influyen en la distribución vegetal y animal de los terrenos del Parque. 

Todo ello conduce a un abigarrado mosaico de biocenosis, donde destaca el contraste entre el manto vegetal de los cañones y el de la amplia, desproporcionada e inhóspita plataforma superior, desarbolada, que contempla su desnudez en la soledad de millones de años. 

En el territorio del Parque existe una amplia representación de ecosistemas correspondiente a su extensión, diferencias de altitud y desniveles existentes (salto de cotas de 3352 metros a 700 metros, de 2652 metros en una longitud de casi 19 kilómetros y distribución de superficies:

 * Parte arbolada en cañones profundos: 18 % 
* Tasca entre los 1800 y 2500 metros 52 % 
* Superficies por encima de los 2500 metros 28 % 
* Superficies no contabilizadas: 2% 

Resultado de imagen de lirio de los pirineosAsí aparecen tres grandes unidades de vegetación, de carácter submediterráneo, de carácter montano y de alta montaña alpina.

Los bosques aparecen resguardados en el ambiente húmedo de los cañones y valles.

Lirio de los Pirineos

Especies perennes y caducifolias se acercan a los 2000 metros, con la curiosidad de los "cementerios de árboles" en la banda final.

Las altas mesetas y el piso alpino están cubiertos de pastizales, formaciones herbáceas "tascas". 

Más arriba debido a las condiciones climáticas extremas, aparecen especies adaptadas a vivir en las grietas de las rocas o en las gleras, ricas en endemismos. Los bosques presentan una estructuración máxima, con varios pisos y una estabilidad grande.

Resultado de imagen de Erizón Los hayedos y abetales se sitúan en el fondo de los cañones o en la umbría, donde la humedad es máxima.

En algunas zonas privilegiadas, con aire fresco por viento de valle o suelo húmedo, coexisten tilos, fresnos, servales, arces, avellanos y abedules.

Erizón

En solanas y crestas con poco suelo aparecen los pinos y las encinas bajo condiciones xéricas. El sotobosque es denso, de boj. En el piso subalpino abunda el pino negro asociado con rododendro/arándano y sauces enanos de montaña.

 Los pastos están integrados por comunidades en las que el papel principal corresponde a las Festucas y al Nardus stricta.

Un conjunto variado de planas y flores les acompañan.

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En la zona alta, una vegetación insólita y numerosos endemismos se relacionan íntimamente con los fenómenos periglaciares que caracterizan buena parte del territorio del Parque.

Edelweiss o Flor de Nieve

Destaca la vegetación que vive en el abrigo de las rocas (cantos, piedras, roca, cuevas o lapiaz) que presenta una de las mayores particularidades del Pirineo, ya que son ricas en especies endémicas, pertenecientes a taxones preglaciares, lo que contribuye a asegurar una individualidad de la flora pirenaica. 

Flora del Parque, también variada e insólita, que constituye un elemento florístico esencial, verdadero muestrario de flora singular. La lista provisional rebasa las 1500 especies y con las consideraciones de variedad y especie superará ampliamente las dos mil.

 La distribución de la vegetación manifiesta el entorno climático pero integra también la acción del paso del hombre. Existe una estrecha relación entre la intensidad de la presión humana y el aspecto cuantitativo y cualificativo de la alfombra vegetal. 

Los ejemplos en los territorios del Parque son evidentes, del paisaje humanizado de Escuaín, a las grandes zonas de pastos, el fondo del circo de Pineta o la pradera de Ordesa. 

Debe hacerse mención, sin duda, de la evolución de los paisajes vegetales, con influencia humana. El abandono de muchos pueblos y la caída de la población en general, la pérdida de valor y la demanda de madera, el descenso del derecho a la leña por parte de las sociedades de vecinos, ha modificado sustancialmente el paisaje agrícola y la presión humana y ganadera.

 Y ello ha redundado, en los últimos decenios, en un cambio sustancial del entorno vegetal con la declaración de espacio protegido. Interesante el conocimiento de la procedencia de las distintas especies. 

Las diferencias climáticas que se han sucedido a lo largo de los tiempos han permitido un núcleo florístico donde se interpolan influencias africanas, euro-asiáticas y atlánticas con otras centroeuropeas y alpino-boreales, lo que se refleja también en la variedad y peculiaridad de las especies existentes. 

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Todo el territorio tiene un gran valor forestal y vegetal, en función de su diversidad y de la calidad del medio.

La naturaleza ha sido pródiga en bellezas. Pero también en altitudes. En contrastes. En diversidad. En originalidad.

 Fenómenos de inversión térmica, por enfriamiento del aire por el agua del río y el encajonamiento del cañón, con alta humedad que hace posible el desarrollo de especies propias de una mayor altitud.

Mientras, por encima, ambientes más cálidos permiten especies correspondientes a una menor altitud.

Enclaves xéricos con influencia mediterránea, junto a otros de acusada continentalidad, en la solana de Escuaín.

Y, en general, toda la gama que vá desde el pino silvestre, con boj, erizón, el más extenso, al bosque relictob y resudial de tejos de Bujaruelo. De la carrasca y el quejigo de la solana de Escuaín al bosque climax de abetos y hayas de la umbría de Pineta.

 Del pino negro con rododendro y arándanos de la Faja Pelay al solitario arce de la cumbre de Castillo Mayor. De los "cementerios de árboles", muertos de pie, a los bosques húmedos de abedul y tremoleta, o los fresnos, sauces y olmos de las riberas que en otoño una nota variada y multicolor. 

De la Pinguicula longifolia, endémica muy notable, a la rara Kobresia scirpina, reliquia de la época glaciar, con localización única.

La larga lista de endemismos: Borderea Pyrenaica, Veronica Aragonensis, Geranium Cinereum, Potentilla Alchemilloides, Globularia Nana, Saxifraga Longifolia, Ramonda Pyrenaica, etc. De la belleza del gran bosque, a la de cada uno de sus múltiples detalles y matices.

 


5. Fauna


Al igual que la vegetación, la gran variedad de ambientes determina una riqueza faunística y una amplia representación de especies animales, repartidas entre diferentes biocenosis y variadas altitudes. Muestra especialmente ligada a los hábitats de alta montaña. 

Resultado de imagen de Vipera Aspis de OrdesaSe ha catalogado un total de 5 especies de anfibios, 8 reptiles, 65 de aves nidificantes de la 106 que se han observado, así como 32 mamíferos. 

Con la presencia de varios endemismos y, hasta hace poco, la extinguida subespecie Capra P. Pyrenaica, resultado de un abuso de la caza, degeneración genética y competencia con otras especies.

Pese al extraordinario desnivel, el interés se centra más bien en los biotipos desarbolados, por encima de los 2000 metros, y en las especies vertebradas que albergan. 

Una de las formas más notables y de singular interés de población de Vipera Aspis de Ordesa, que posee notable poliformismo y cuyo estatus taxonómico está todavía por decidir, y el tritón Euproctus Asper que presenta también entidad subtaxonómica.

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Si bien las restantes formas de vertebrados no se singularizan solamente en el Parque, algunas de ellas, propiamente pirienaicas, mercen destacarse. 

La forma enana del Emiño (Mustela Erminea), propia del pasto alpino que se concentra en la vecindad de los refugios de montaña.

Quebrantahuesos

La lagartija autóctoma de montaña (Lacerta Monticola), endemismo propio de las gleras alpinas y subalpinas, por encima de los 2000 metros, de fisiología muy peculiar, capaz de soportar temperaturas extremas. 

De las aves citar el elegante Treparriscos (Tichodroma Muraria), que vive alrededor de los cantiles, nidificando por encima de los 1500 metros. 

Resultado de imagen de Rebeco ordesaEl conocido Quebrantahuesos (Gyapetus Barbatus), la Perdiz Nival (Logopus Mutus), ave terrestre que se disimula en la laderas de tipo periglaciar, el Urogallo (Tetrao Urogallus), que se esconde en los bosques espesos y silenciosos.

Rebeco o Sarrio

Mencionar la extensa población de sarrios o rebecos (Rupicapra R. Pyrenaica), con cifra, que para todo el territorio del Parque, puede superar los 1500 ejemplares.

La abundancia del jabalí, con especial incidencia en Añisclo y Escuaín, con huellas visibles en fajas y praderas.

La extensión de la marmota, en relativamente poco espacio de tiempo, que hoy ya hace familiar su silbido en muchos del los itinerarios

Resultado de imagen de marmota ordesaLa profileración de víboras en los prados y pastos altos, ya menos utilizados por el ganado. La presencia de nutrias, rana roja, y de micromamíferos, del lirón careto al topo. 

Marmota

Una ámplia representación también a nivel inferior, a ras del suelo. Mariposas en diversidad y buen número, arañas, saltamontes, mil insectos distintos.

Marcar la influencia de los pisos en la mayor o menor presencia de especies de aves. En los niveles superiores de altitud sólamente figura representada el 27% de las especies conocidas en el Alto Aragón. 

Algunas sumamente interesantes como la Bisbita rivereño alpino (Anthus Spinoletta), nidificante en el suelo, el gorrión alpino (Montifrigilla nivalis), el acentor alpino (Prunella collaris), que se alimenta en las praderas alpinas y nidifica en la grietas. Y al nivel de acantilados, las chovas piquirroja y piquigualda y el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros). 

En el pinar y matorral subalpino el número de especies sube al 49%, con el edemismo montano europeo Serinus citrinella o verderón serrano, como ave típica. En el nivel montano se llega al 74% de las especies y la población se hace mucho más variada. Y en el piso submediterráneo, la abundancia llega al 99%.

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Aguila Real, Señora de Ordesa

 

6. De Torla a Aínsa: Ruta por los pueblos más bonitos de Ordesa

Los pueblos más bonitos de Ordesa y del Valle del río Ara en una espectacular ruta de 100 kilómetros por el Pirineo aragonés

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El río Ara, protagonista de esta ruta en coche

Te propongo una ruta en coche de un día por algunos de los pueblos más bonitos de Ordesa, en su vertiente oeste. 

Se trata de un recorrido por las localidades de Torla, Broto, Oto, Buesa, Sarvisé, Fiscal, Boltaña y Aínsa, dentro de la provincia de Huesca.

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido es un paraíso de la naturaleza y el senderismo. Pero este rincón de los Pirineos aragoneses también ofrece al visitante bellos pueblos para descansar y perderse por sus callejuelas. 

Yo realicé la ruta en un sólo día súper completo. Pero, si no quieres madrugones, puedes tomártelo con más tranquilidad porque te aseguro que esta zona da para mucho.

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Torla

Comenzamos muy temprano en una de las localidades más populares de la zona, 

Torla (ahora llamada Torla-Ordesa). 

Además de ser la puerta de acceso al Valle de Ordesa y a la famosa ruta de la cascada Cola de Caballo, es un pueblo precioso. 

Resultado de imagen de torlaSe sitúa en el margen derecho del río Ara y está rodeado por picos de más de 2.000 metros de altitud.

Recibe miles de turistas y eso se nota. Cada rincón está cuidado hasta el más mínimo detalle. 

Recorre sus callejuelas repletas de casas de piedra y balconadas con flores que le dan un toque de color muy especial. 

Sobre todos los edificios destaca la iglesia parroquial del siglo XVI, mil veces fotografiada e imagen de Torla.

Alojamiento en Torla

A pesar de su pequeño tamaño, hay muchísima oferta hotelera de todos los tipos, restaurantes e incluso tiendas especializadas para los montañeros. 

En definitiva, es un buen lugar para pernoctar en nuestra escapada por la zona. 




para comer en Torla

El Duende
C/La Iglesia S/N | Apto para celíacos, 
22376 Torla, España
+34 974 48 60 32

La Brecha
Calle de Francia, Torla, España
+34 974 48 62 21


Asador, La Cocinilla
Calle Fatas s/n., 
22376 Torla, España
+34 974 48 62 43


continuamos nuestro viaje hacia

Broto

Siguiendo el curso del río Ara y a menos de 20 kilómetros nos encontramos con Broto, localidad que da nombre al bonito valle de Broto. Dispone de gran infraestructura para el turista y merece un alto en nuestro camino para adentrarnos en su centro histórico.

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Broto

Destaca la arquitectura tradicional de sus edificios, la Iglesia de San Pedro, la Casa del Valle y la antigua cárcel.

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Pero no debes irte de allí sin cruzar al otro lado del río Ara y disfrutar con las maravillosas vistas.

Para mí, la sorpresa vino al seguir una señal que nos llevaría hasta la Cascada de Sorrosal.

 Casi sin salir de Broto aparcamos el coche y recorrimos el corto sendero de unos cinco minutos que nos conduce a esta maravilla. 

Me pareció impresionante.

 Son 80 metros de caída en dos tramos en los que el agua ha excavado pozas de una azul celeste intenso. Es un rincón incomparable y yo creo que las imágenes hablan por sí solas.

Si eres un poco más valiente que yo puedes plantearte hacer la vía ferrata que recorre la cascada y el barranco del Sorrosal.

Oto

Parece un juego de palabras pero no lo es. Nuestra siguiente parada la hacemos en apenas un par de kilómetros. 

Resultado de imagen de oto ordesaNos adentramos en Oto, para mí uno de los ejemplos de arquitectura tradicional mejor conservada y más auténtica.

Aquí no te vas a encontrar con cientos de turistas ávidos de encontrar la mejor foto. 

Es más, el ratito que estuve recorriendo sus calles apenas me crucé con un par de personas. En este pueblo se respira paz. 

Es muy pequeñito pero en él destacan la torre defensiva del s. XVI de Casa Don Jorge y la torre de la iglesia.

Buesa

Volvemos a Broto para regresar a la nacional 260 y desviarnos a los pocos metros hacia Buesa. Se encuentra en la parte alta del valle y es un auténtico pueblo-mirador.

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Las vistas son increíbles.

Buesa

Al igual que sucede con Oto, se trata de una localidad muy chiquitita y tranquila.

Se encuentra en una pequeña cornisa en la falda de la Punta Plana de Guliana (1892 m) y del Tozal del Bun (1550 m), con abundantes vistas sobre los llanos de Plandeluviar.

Un callejón en Buesa, que conserva un arco por encima para comunicar las edificacuiones de ambos lados.

El núcleo de Buesa se encuentra sobre la boca del valle del Chate, en las faldas de la Sierra Trallata, en la orilla oriental del Ara. La carretera que lleva hasta él arranca de cerca de Broto, tras pasar por el puente que salva el Barranco del Furco justo a la salida de dicha población, y sube por la vertiente conocida como Pitralbas hasta Buesa.

Buesa es el sitio de donde nacen diversos caminos a rutas de excursiones por la sierra Trallata. El camino a la ermita de Santa Isabel, a la virgen del Bun, y el que es más largo hasta el refugio de la caña, en lo alto del barranco del Furco, justo en el enclave conocido como A Trallata.

Buesa ha sido tradicionalmente un núcleo ganadero, con numerosos prados y sitios en los que todavía hoy es posible observar vacas paciendo en libertad.

Sarvisé

Resultado de imagen de SarviséVolvemos sobre nuestros pasos de nuevo para seguir por la nacional 260 y llegar a los pocos minutos a Sarvisé.

Es otro pueblo minúsculo cuyo perfil está dominado por su iglesia románica. Pero lo que más llama la atención a simple vista son sus esbeltos caballos.

Sarvisé

Y es que en Sarvisé hay varias empresas que se dedican a realizar rutas a caballo por el valle de Broto. Si te apetece el plan puedes buscar más información en Caballos Sarvise o en Caballos Casa Blas.

Desde Sarvisé se puede acceder por una estrecha y panorámica carretera al Valle del Vió y al Cañón de Añisclo (del que ya hablaremos más adelante).

Y muy cercana al pueblo está la Poza de Chate, un bonito lugar para pegarse un chapuzón en sus aguas frías y cristalinas.

Fiscal

Seguimos el curso del río y, tras dejar atrás el cruce a Asín del Broto y sus casas señoriales, hacemos una parada en Fiscal. 

Pueblo de Fiscal, Huesca
Fiscal

De nuevo tendremos al río Ara como principal protagonista del paisaje. Conviene cruzar el puente y dar un buen paseo por su centro monumental donde encontraréis el Batán de Lacort, la ermita de San Salvador y la torre de Fiscal, entre otros.

Su pequeño casco antiguo, con viviendas que datan de 1700, presenta uno de los rincones más bonitos de los pueblos de este área, junto a la iglesia de Jesús y la plaza mayor, donde se encuentra el arco pórtico de la iglesia de Jánovas, de estilo románico tardío, transportada aquí debido al proyecto de inundación del pueblo.

Boltaña

Resultado de imagen de BoltañaEste es uno de los tramos más bonitos de carretera.

Boltaña

Antes de llegar a nuestro siguiente destino, dejarás atrás pueblos abandonados y bellos paisajes que culminan con una parada imprescindible en el mirador de Jánovas. 

Un balcón con vistas hacia el río Ara, el puente y el pueblo deshabitado de Jánovas. 

Hay una preciosa ruta de senderismo que se puede hacer en esta zona.

Resultado de imagen de vistas hacia el río Ara, el puente y el pueblo deshabitado de Jánovas.
Volvemos al coche y llegamos hasta Boltaña. 

Te recomiendo que aparques el coche en el primer hueco que veáis y subir al centro a pie. 

Tiene un casco histórico bastante grande y bien conservado. Preciosas casas de piedra centenarias, callejuelas y plazas para que disfrutes al máximo de tu visita.

Si quieres tener las mejores vistas sobre de esta población desde las alturas no dudéis en subir hasta las ruinas del Castillo de Boltaña, o castillo de los Condes de Sobrarbe. 

Resultado de imagen de castillo de los Condes de Sobrarbe.Castillo de los Condes de Sobrarbe

Es una subida un pelín dura pero merece la pena. Sólo hay que coger un sendero que sale bien señalizado desde la Plaza Mayor.

Además, en época estival puedes disfrutar de un chapuzón en las aguas del río protagonista de toda nuestra ruta, el río Ara. Y es que en la misma población se encuentra la piscina natural de la Gorga. Bastante apetecible ¿verdad?

Es casi el final del camino y nuestro plato fuerte. 

Aínsa está catalogado como uno de los pueblos más bonitos de España y, por consiguiente, uno de los pueblos más bonitos de Los Pirineos aragoneses. 

Imagen relacionada
Aínsa es una máquina del tiempo. 

Aunque la leyenda sitúa el nacimiento de Aínsa en la conquista de la plaza por las tropas del rey Garcí Ximénez en el año 724 gracias al milagro de la cruz de fuego5​ (desde el siglo xvi d. C. hay una cruz en el lugar donde supuestamente ocurrieron los hechos) las fuentes históricas apuntan que los musulmanes no llegaron a establecerse en esta tierras.

El castillo de Aínsa, que data del siglo xi d. C., formó parte de la línea de defensa de los territorios cristianos (línea que se extendía hasta Abizanda), y se convirtió en el embrión de la villa, que en tiempos de la Edad Media fue amurallada, y se convirtió en la capital del condado de Sobrarbe que perteneció al reino de Nájera-Pamplona (antes de que este diera lugar al reino de Navarra) y luego se integrara en el reino de Aragón.

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Castillo de Ainsa

En 1124 el rey Alfonso I el batallador otorgó la Carta puebla por la que se beneficiaba a sus habitantes con el fuero de Jaca.

La importancia de la plaza llevó que la iglesia de Santa María fuera concebida también como defensa, tal y como atestiguan las saeteras de su torre.

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Así que tómate tu tiempo para recorrerlo y maravillarte con sus calles, monumentos y sus estupendos miradores al embalse de Mediano. 

El casco histórico es una recinto amurallado que alberga en su interior la iglesia de Santa María, la Cruz Cubierta, el Castillo y una preciosa Plaza Mayor.


Todo está pensado para el turista por lo que cada calle, fachada y comercio están cuidados al detalle. 

Es bastante difícil aparcar así que tuvimos que dejarlo en un aparcamiento de pago habilitado junto al centro.

Iglesia románica iniciada en el siglo xi d. C. y finalizada en el xii. Se consagró en 1181. 

De sencilla portada de cuatro arquivoltas apoyadas en otros tantos pares de columnas de capiteles labrados. 

Desde el interior del templo de única nave con bóveda de medio cañón apuntado. 

Su torre, de dimensiones únicas en el románico aragonés, hace imprescindible su visita, con saeteras para la defensa.



para comer en Ainsa

Restaurante Callizo
Plaza Mayor s/n, 
22330 Aínsa, España
+34 974 50 03 85

Restaurante Casa Falceto
Carretera del mesón 18 | Coscojuela del Sobrarbe,
 22305 Aínsa, España
+34 646 77 71 88

Ordesa 88
Avenida Ordesa 22 | Carretera principal,
 22330 Aínsa, España
+34 669 63 77 26

y algo mas economico

La Creperia
Av. Central 5,
 22330 Aínsa, España
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Pero hay más qué ver :


El pueblo de Tella en el sector de Escuaín o Nerín en Añisclo son testimonios del pasado ganadero del Pirineo oscense.

 Cerca de esta última se encuentra el el valle de Bujaruelo, refugio para especies más amenazadas del viejo continente, como el oso pardo pirenaico o el urogallo. Porque la naturaleza es poderosa hasta la última frontera del Parque Nacional.

7. Tierra de leyendas: la Brecha de Roland y Silbán el Gigante

El río Arazas baja desde el glaciar del Monte Perdido por el valle de Ordesa levantando a sus costados paredes de vértigo. Arquitectura vertical con cornisas solo aptas para públicos con experiencia en montaña. 

Brecha de Roland en Ordesa

Dice la leyenda que fue la espada Durandal la que, de un golpe, rompió la muralla rocosa, abriendo la hendidura por la que huyó Roldán, sobrino del emperador Carlomagno, herido y perseguido por las tropas musulmanas. Desde allí divisó por última vez su tierra. 

Un corte en piedra de 100 metros de alto por 40 de ancho, la Brecha de Roland, por el que contrabandistas, refugiados y trabajadores viajaron a lo largo de los años como ahora lo hacen excursionistas y montañeros.

Pero Ordesa y Monte Perdido esconde más leyendas. Silbán era un ser de proporciones enormes que vivía en el Sobrarbe, cerca de Tella. Vivía en una cueva, la Espluca de lo Silbán. En una de sus incursiones por los pueblos cercanos, Silbán conoció a la joven Marieta y la raptó para comérsela pero el encanto de la joven lo hizo cambiar de parecer poco a poco. 

Hasta que un día, Marieta consiguió escapar y regresar a sus pueblo donde se organizó una patrulla para envenenar al gigante Silbán. La leyenda no especifica si Silbán logró zafarse de los efectos del veneno suministras pero sí dice que si uno guarda silencio algunas noches se oyen los gritos y sollozos del Silbán, que sigue enamorado de Marieta.

8. Camino al Circo de Soaso

Son más de 15.000 hectáreas en el corazón de los Pirineos aragoneses. Un impresionante ecosistema conformado por cuatro valles, cada uno con sus propias peculiaridades y dominados por un macizo montañoso que alcanza los 3.348 metros de altura.

 El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido se configuró así en 1982, tras una ampliación que sumó al territorio originario los valles de Pineta, Añisclo y Escuaín. La figura de protección ya era efectiva en el Valle de Ordesa desde 1918. Allí se encuentra el recorrido más conocido y transitado del Parque, la ruta al Circo de Soaso.

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El Circo de Soaso, destino final del sendero más popular del Parque Nacional de Ordesa.

Se trata de un sendero marcado y señalizado siguiendo el curso del río Arazas, que crea atracciones naturales accesibles a través de construcciones humanas. Finaliza al pie del Macizo del Monte Perdido y sus tres cimas de más de 3.000 metros de altura, en el llamado Circo de Soaso, una planicie de origen glaciar rodeada por altas paredes de piedra. Un entorno singular que ha merecido estar en la lista del Patrimonio Mundial de UNESCO.

Para acceder al camino hacia Soaso hemos de situarnos en Torla. 

De esta y otras leyendas de Ordesa y sus alrededores, así como de todos los caminos que parten desde Torla, se encuentra información en el Centro de Visitantes. Para muchos éste es el primer paso del camino.

 Reciben los consejos de los guías del Parque y pueden conocer qué paisajes y diversidad animal y vegetal les esperan en el recorrido. 

Centro de Visitantes del Parque Nacional de Ordesa en Torla.

Para comenzar el camino al Circo de Soaso hay que llegar hasta la conocida como pradera de Ordesa, explanada en el centro del Valle y último lugar al que se puede acceder en coche. 

Justo antes de llegar está señalizado el monumento al pirineísta Lucien Briet, escritor, fotógrafo y explorador francés. Es considerado el impulsor del Parque Nacional de Ordesa. Para ello recorrió la zona y la documentó exhaustivamente, exponiendo a todo aquel que le quería escuchar la belleza del lugar y la necesidad de su protección. Parte de aquel trabajo está recogido en el libro “Bellezas del Alto Aragón” publicado en Huesca en 1913.

En la Pradera encontramos un bar y servicios, antes de sumergirse en una naturaleza aunque, eso sí, por sendas especialmente acondicionadas. Los carteles avisan de que no se debe salir de ese recorrido: hacerlo puede dañar el ecosistema y acelerar el proceso de erosión.

La primera parte del camino, de una hora de ida y un desnivel de apenas 100 metros, nos conduce a las Cascadas el Estrecho.

 Aunque también desde la Pradera, y si se quieren emociones más fuertes, se puede optar por la Senda de los Cazadores. 

En lugar de llevar hasta el fondo del valle junto al río nos conduce por lo más alto de la pared derecha, obteniendo otra perspectiva de la zona. 

Resultado de imagen de hayedo-abetal ordesaEs una senda más exigente, con un desnivel de 650 metros. Hay quien opta por ir por un lado y volver por el otro.

El camino más sencillo y popular comienza atravesando un precioso hayedo-abetal en el que también vemos bojes. Los colores de la primavera y el otoño estallan en una exhuberante sinfonía.

 Paneles informativos explican cuáles son las especies vegetales que allí creen y los animales que por allí viven. 

Aunque, con miles de hectáreas de terreno a su disposición, no es fácil ver a estos últimos cerca de donde pasean los humanos.

Uno de los paneles informativos del Parque frente a la pared conocida como “Gallinero”.

En la primera hora de camino encontramos ya tres preciosos enclaves esculpidos por el agua en la roca. Las cascadas de Arripas, de la Cueva y del Estrecho definen esta parte del recorrido y marcan también el inicio de un segundo segmento que cruza un precioso bosque de hayas.

Resultado de imagen de bosque de hayas ordesa es una explosión de color en otoño.
 Seguimos por un camino ancho, preparado para un vehículo, pero remontamos en zigzag el valle en un desnivel de más de 500 metros. 

Los grandes árboles y el paisaje de cuento de hadas o de miedo, según la estación, acompañan al caminante durante las dos siguientes horas.

El bosque de hayas es una explosión de color en otoño.

El camino ancho se acaba al final de este segmento, justo al lado de otro de los enclaves extraordinarios del sendero: las gradas de Soaso. 

Se trata de cinco cascadas seguidas que configuran una espectacular escalera de agua a las puertas del Circo de Soaso. 

El caminante las salva pasando justo al lado, por una senda de importante desnivel desde la que contempla el agua cristalina fluyendo por los desniveles de roca.

Resultado de imagen de Gradas de Soaso
Las Gradas de Soaso es uno de los enclaves más destacados del Valle de Ordesa.

El paisaje cambia por completo al llegar al Circo. La espesa vegetación se convierte en amplios prados de montaña. La altitud o las condiciones meteorológicas configuran otro escenario. Un camino de cemento, convertido después en senda, se dirige al fondo. 

En el recorrido se disfruta de las escarpadas paredes de piedra que rodean la explanada, del Monte Perdido, el Cilindro y el Marboré, las Tres Sorores, imponiéndose en altura al frente, o de los cursos de agua que rasgan los pastos que comen las vacas. 

Y como recompensa, al final, una preciosa cascada llamada “Cola de Caballo”, emergiendo entre la Punta Tobacor y el Macizo del Monte Perdido.

Resultado de imagen de cola de caballo ordesaEs la última visión antes de volver a recorrer de vuelta uno de los paisajes que definen Aragón y que más personas disfrutan cada año.

La Cola de Caballo es la recompensa final de la Ruta más popular del Parque.

Enlace a la página web oficial del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido:


9. Cañón de Añisclo

El Cañón de Añisclo, erosionado por el río Bellós, se prolonga a lo largo de casi 25 kilómetros, desde el Circo de Añisclo (a los pies de Monte Perdido) hasta el valle de Aso.

Resultado de imagen de Cañón de Añisclo Con una altitud mínima es de 700 m, en la Fuente de los Baños, y una máxima de 3.022 m, en la Punta de las Olas, se presenta como todo un reto de espectacular belleza con rutas para todos los públicos y otras más exigentes debido a la orografía del terreno.

Cañon de Añisclo

La ermita de San Úrbez será nuestro punto de referencia para conocer la cueva del Moro, un ejemplo de la erosión kárstica de la montaña (el agua ácida modela la roca caliza a su paso), y las cascadas del Molino de Aso.

El Puente de San Úrbez, construido en el siglo XVIII, atraviesa el río Bellós desde 30 metros de altura y es el inicio de una de las rutas más populares por el cañón de Añisclo. La impresionante cascada de Fuenblanca (a cinco horas de camino desde la ermita) es otro imprescindible dentro de este listado de visitas imprescindibles.

10. Ruta de las Cascadas

Antiguos glaciares y el río Arazas muestran en Ordesa su habilidad como escultores. El Arazas desciende por un cauce escalonado en una sucesión de cascadas:

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Cola de Caballo (en la cabecera del circo de Soaso, la cordillera coronada por el Monte Perdido), Gradas de Soaso, Cascada del Estrecho… Encima y en torno a las armoniosas Gradas de Soaso, aparecen zonas húmedas, las turberas, donde el agua aflora en superficie.

Cascada del Estrecho

La ruta hasta la cascada Cola de Caballo por el camino clásico del valle de Ordesa es una de las excursiones más populares y conocidas de los Pirineos. 17´5 kilómetros que permiten disfrutar de las paredes del valle de Ordesa, excavadas por la erosión de un antiguo glaciar y los saltos de agua que el río Arazas deja a su paso como la cascada de Arripas, la cascada del Estrecho, las Gradas de Soaso… Duración: 4 horas ida y vuelta.

Macizos calcáreos, valles, crestas, glaciares y enormes gargantas forman un paisaje de montaña único e irrepetible y sobre todos ellos el pico más alto: Monte Perdido, en aragonés As Tres Serols, es el macizo calcáreo más alto de Europa.

Refugio de montañeros, protagonista de aventuras, el macizo incluye un glaciar en retroceso desde hace dos siglos pero igualmente espectacular (el cuarto más extenso de los Pirineos tras los del Aneto, Maladeta y Ossoue) suspendido sobre una gran pendiente entre los 2.700 y los 3.250 metros de altitud de su cara norte.

 Parte del macizo se interna al norte en territorio francés, formando parte del Parc National des Pyrénées, destacando el Valle y Circo de Gavarnie, otro impresionante circo glaciar que en su cabecera tiene la cascada más alta de Europa, con más de 400 metros de caída vertical.

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Circo de Gavarnie y la Gran Cascada

Con más de 1.400 ejemplares de flora, 35 especies de mamíferos, 120 de aves tanto nidificantes como emigrantes, y diferentes clases de reptiles, anfibios y peces, Monte Perdido es el hogar de osos pardos, gatos monteses, urogallos, buitres leonados, quebrantahuesos, águilas reales…

Monte Perdido, más de 3.000 metros de vértigo

A esta ruta incompleta de visitas por Ordesa, hasta el más novel de los visitantes añadiría sin remilgos un paseo más menudo por las Gradas de Soaso, la Cueva, el valle de Pineta y las gargantas de Escuaín…

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La Garganta de Escuaín

¡Cuántos destinos imprescindibles aún nos quedan por conocer en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido!

¡Cuántas localizaciones de infarto con la naturaleza vibrando en cada estación del año nos quedan aún por ver!


Información de Utilidad

– Cómo llegar: en coche por autopista o en tren AVE hasta Huesca, a 96 km de Torla. El tren regional tiene parada en Sabiñánigo, a 40 km.

– En verano, un servicio de autobús traslada desde el centro de visitantes de Torla hasta el aparcamiento de La Pradera, en el valle de Ordesa.

– Centros de visitantes en Torla (puerta de acceso al valle de Ordesa), Escalona (Añisclo): Ctra. A-138, Tella (Escuaín): y Bielsa (Pineta)

– Ordesa es el valle más accesible.

– El cañón de Añisclo (de 12 km) se avista desde la carretera.

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